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Las reacciones sobre el Primero de Mayo en redes resultaron en un testeo revelador: “¿Cómo piensa Maduro tocarle las puertas al pueblo en el 2024?”. “Todos los beneficios alcanzados durante el gobierno de Chávez se fueron al piso”. “El voto duro chavista está más blando que nunca”. “Para las élites, dólares; para los pobres, patria o muerte”. “Para sueldos y salarios no hay plata, para la corrupción sí hay”. Y dijo la profesora Elsa Castillo: “Maduro, si fuera por él, le aumentaría a sus diputados 5 mil dólares más de lo que ganan, daría a los generales el doble y el triple más, pero como él asume que en el caso de los docentes tiza no tumba gobierno, mientras que el plomo sí, entonces decide darle a los militares y a los docentes no”.

La frustración y la molestia son pertinentes. Un año atrás, el régimen generó expectativa favorable a un decreto de aumento salarial que pudiese ayudar a recuperar el poder adquisitivo. 

El espectáculo en las redes ha expuesto a una jauría insaciable que ataca sin análisis ni conciencia al personaje Juan Guaidó al punto de igualarlo a cualquier ladrón de los muchos que hacen vida en el oficialismo. Un juicio injusto. A Guaidó le facturan por no haber cumplido la promesa de sacar a Maduro del poder. Acaso ¿fracasó solo él? ¿No hemos fracasado todos? ¿Era fácil ganar?

Por ese trapiche pasamos también quienes nos hemos visto obligados a salir del país. En realidad, estamos en un tiempo en que no hay manera de ganar en posiciones. Quien se entrega o se deja apresar por la tiranía, lejos de ser valiente, es bolsa. Y quien huye, es un cobarde. Todo según lo previsto en los guiones de costosos laboratorios de comunicación del régimen que saben por dónde agredir, conocen los puntos débiles de la psiquis de muchos venezolanos 

El martes, al llegar al Ministerio de la Defensa, lo recibió la media marcha regular interpretada por la banda de guerra del Batallón Caracas. Maduro salió de cámara y se fue hacia el salón del Batallón Simón Bolívar. Entretanto la imagen se congeló en un vitral del Libertador. La agenda establecía hablar de las bricomiles, brigadas creadas para supuestamente abordar los problemas sociales en infraestructura y mantenimiento en áreas de salud y educación, pero hay dudas razonables de que esa lista de tareas del día fuese una coartada para el encuentro.

Cuando Maduro llegó al salón parecía un militar más. El mismo corte del traje, la misma barriga. La atención estaba sobre el director del Sebin, Gustavo González López, quien según protocolo no debía asistir. 

El régimen está muy lejos de querer desmantelar el complejo engranaje de corrupción. Lo que Maduro procura es sustituir a los actores despedidos para que no se detenga del ingreso de billete.

El petróleo, manejado como una operación de narcotráfico, no es el único negocio ilícito que opera desde Miraflores. En decenas de ellos, Nicolasito, el heredero, ha sido incorporado. También fue Maduro quien ordenó que Pdvsa realizara las compraventas con criptomonedas.

Todo se cumple bajo el escenario del delito con nombres ocultos, rutas clandestinas, intermediarios secretos, ausencia de registros, lavado de dinero, empresarios y testaferros, en un marco de lujo ostentoso y descarado, en claro despliegue de la impunidad.

Maduro está en el aprieto de entregar a Tareck a su enemigo Estados Unidos, o dejarlo ir a un lugar seguro. En Venezuela sería complicado retenerlo sin poner su cabeza ante la “justicia” cuando hasta el corazón del chavismo ha sido testigo del millonario asalto, ratificado por el discurso oficialista, de la grotesca corrupción.

Las imágenes de mansiones, carros de lujo, gigantescos edificios, mujeres de funcionarios, de testaferros y de operadores financieros restregando privilegios y riquezas en las redes sociales, la larga lista de negocios ilícitos, le explican a cualquier venezolano la razón de su pobreza.

Maduro en este trance de debilidad se ha visto en la necesidad de repartir -para su pesar, entre amigos y enemigos- el imperio de Tareck. Los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, y Diosdado Cabello, han resultado beneficiados.

En el sector militar el trago amargo lo está asumiendo el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López quien trata de espantar, una vez más, toda sospecha. Hay que tener presente que el malestar en la FANB sigue siendo un tema delicado, así que con máxima discreción ha comenzado la remoción de varios efectivos militares de sus cargos, tal es el caso del general de división Julmer Rafael Ochoa Romero, comandante de Zodi Bolívar. Este general que reporta al Comando Estratégico Operacional de la FANB había sido ubicado en esa posición por el mismo El Aissami para que entre otras funciones se encargara del negocio del combustible en la región. El militar fue sustituido el pasado 27 de marzo por el general de división Enio Javier Flores León.

Cuando digo combustible me refiero a muchísimo combustible. Y es éste el gran tema en este caso ya que el negocio de su compra en el extranjero se estaba complicando por falta de recursos.

¿Quiénes ganan y quiénes pierden con la salida del ministro de Petróleo? Pierde Tareck -hasta ahora- y ganan Jorge y Delcy Rodríguez, cada día más influyentes en los sectores políticos y económicos del país. El petróleo, obviamente, ha sido un elemento de disputa. Con la caída de El Aissami y el nombramiento de Pedro Tellechea como su sustituto, las interpretaciones sobran. “El nuevo ministro de Petróleo responde a los Rodríguez, se lo metieron por los ojos a Nicolasito”, precisa una fuente.

Lo ocurrido en los tribunales ha sido un espectáculo. El Ministerio Público nombró unos fiscales para el caso del exministro, pero resulta que el jefe del Sebin, Gustavo González López, solicitó -aunque lo niegue- trabajar directamente con Tarek William Saab porque dos de los tres fiscales designados han robado más que los jueces procesados por extorsión.

Lo hace con un léxico soez, un verbo enfermo embadurnado del tema sexual que la sabiduría popular traduce como un esfuerzo -fallido- por ocultar sus carencias en esa área.

El contrato con Fospuca en El Tigre es el octavo -llegaron a ser nueve- que ha logrado amarrar su propietario José Simón Elarba en el país, y el tercero marcado por protestas de la comunidad que se resiste a cancelar tarifas fuera del alcance del presupuesto tanto para residentes como para comerciantes. Antes, en octubre pasado en Barinas, el contrato de Fospuca tuvo que cesar después de dos meses de presión ciudadana. La mediación de la autoridad municipal fue decisiva para esta decisión y es ante esa posibilidad que el alcalde reacciona con explosividad.

La llave operativa de Paraqueima y Elarba cuenta con aliados. Uno es el propietario de Globovision, Raúl Gorrín, aunque de lo que más se ufana el alcalde en privado es de ser consentido de Cilia Flores.