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La detención de Juan José Márquez, tío de Guaidó fue una especie de premio de consolación para Diosdado Cabello, que no se dio por satisfecho. Diosdado está aprovechando esta coyuntura para avanzar. Acusa a Maduro de débil e ineficiente, exige que le entreguen Pdvsa, teme que todo se venga abajo y trabaja para reforzarse como alternativa antes de que Maduro coloque a otra persona. Los rusos y los cubanos también juegan y tienen su plan B. Anotarse en ese plan es el objetivo del entorno de Maduro. En síntesis, todos conspiran.

La tragedia para Maduro y la banda de delincuentes que lo acompaña es que Guaidó tiene coraje para repartir. Con la decisión de acorralar a Guaidó sin importar las formas, la dictadura está llevando a muchos por el camino del ataque. Lo que le han hecho al tío de Guaidó, es increíble, cruel y descarado. Después de tenerlo 28 horas desaparecido, simularon una audiencia de presentación para finalmente esperar que Diosdado contara detalles del montaje. Cabello sentenció: seguirás preso. 

Aunque lo descrito muestra un escenario adverso a Maduro, hay que considerar los elementos con que cuenta para mantenerse en el poder. Maduro piensa aferrarse a la milicia sin importarle la disciplina o los conocimientos. Necesita lealtades y las puede comprar. Además, conoce los delitos de sus subordinados, su codicia y demás debilidades. Confía en que el miedo se impondrá para evitar algún acuerdo de ellos con Estados Unidos.

En otro encuentro convocado con urgencia este 6 de febrero con Padrino, Ceballos, los comandantes de los componentes y los comandantes de Redi y Zodi en todo el país, también se debatieron, por videoconferencia, las implicaciones de la reunión entre Guaidó y Trump.

Que Delcy en nombre de Maduro sintiera que podía mandar en España, debe ser rudo de procesar para ese país. Ella pensó que podía violentar la ley con la misma impunidad que lo hace en Venezuela -de hecho, lo hizo-, pero cometer un delito e involucrar a funcionarios de otro gobierno debería tener consecuencias. Se incumplió con el mecanismo sancionador de la Unión Europea y ahora el ministro de Transporte, José Luis Ábalos, tendrá que responder ante la justicia. El Partido Popular y Vox lo han denunciado ante Fiscalía por posible prevaricación omisiva de desobediencia al permitir que Delcy Rodríguez se mantuviera en suelo español.

La arbitrariedad de jueces, la indefensión de los ciudadanos, los tribunales utilizados como oficinas de extorsionadores y como despachos de chantajistas de la política, es la rutina de los espacios donde alguna vez se impartió justicia. Pero ¿qué se puede esperar en un país donde quien preside el Tribunal Supremo de Justicia ha sido señalado por dos asesinatos? En cambio, personas inocentes sobre las que en sus procesos ni siquiera han mostrado una sola prueba y ni un solo testimonio, terminan condenados a la ausencia de libertad y a sufrir los rigores de las espantosas prisiones venezolanas.

Maduro tuvo que llevar a cabo su plan con la resistencia de un sector interno que se ha retratado como radical y violento. Son los convencidos de que es inevitable que Maduro caiga y por lo tanto creen que es urgente actuar antes de que eso suceda. Conspiran contra él y se presentan como una mejor opción de gobierno. Ellos se han encargado de sabotear varios planes del régimen, aunque eso poco trasciende. De la mesita de negociación se burlan y le caen a patadas y ni hablar de su férrea oposición a la liberación de los presos políticos.

Ciertamente la impaciencia y la presión de Rusia empujaron al régimen a cometer el error de violentar la elección de la directiva de la Asamblea Nacional. Semanas atrás, la dictadura había activado un agresivo plan de intento de soborno y extorsión –denominado Operación Alacrán- procurando fracturar la mayoría opositora en el Parlamento. Fracasaron. Con una circunstancia que les complicó el asunto: Francisco Torrealba, miembro del partido oficialista, los engañó asegurando a sus jefes tener garantizados los votos de varios miembros de partidos opositores, algunos de ellos dando claras señales de ser corruptibles.

¿Por qué nos está sucediendo esto? ¿Cómo es que aún no acaba la pesadilla? ¿Qué más castigo habremos de sufrir para pagar la penitencia de la irresponsabilidad de no haber cuidado la democracia?

Los últimos días de 2019 resultaron en la reiteración del desprecio con el que la dictadura doblega al pueblo. La oferta de canjes de Petro y la repartición de perniles significaron nuevos maltratos. Seres despersonalizados acudieron humillados en procura de cualquier cosa. Es la certeza de no tener.