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Maduro ha avanzado en vender su legitimidad, aunque ese CNE "potable" y plural, no lo sea en la realidad. Las reacciones internacionales a este nuevo CNE estuvieron divididas. El argumento jurídico inexpugnable de considerarlo ilegítimo por provenir de un ente no reconocido, emitido por el secretario general de la OEA, Luis Almagro, se presenta suavizado por el gobierno de Joe Biden y países de la Unión Europea al dar la lectura de un primer paso, aunque aún insuficiente. Es importante precisar que tal tibieza es claro resultado de la intensa gestión de Josep Borrel, representante de la Unión Europea. Su lobby con el apoyo de la cancillería española junto a empresarios poseedores de altos intereses en Cuba y Venezuela ha logrado aturdir hasta a algunos sectores americanos.

A la élite de la Fuerza Armada ni la crítica ni los muertos parecen importarle. Dan más valor a los planes del espectáculo previsto para el 24 de junio por la celebración de los 200 años de la Batalla de Carabobo. El objetivo es impactar con grandilocuencia. Como es usual, también ha servido para hacer negocio como el de la reparación de los tanques, asunto que ha remozado la vieja rencilla entre Diosdado Cabello y Padrino López.

Pero la verdad de esta parte de la tragedia venezolana parece empeñada en mostrarse. Como esa que revela que entre esa guerrilla disidente hay desertores de la FANB. Una guerra entre venezolanos. El sueño del chavismo.

Si bien a Maduro le mortifica altamente la investigación que debe iniciar la Corte Penal Internacional contra él y otros miembros de su régimen por la comisión de delitos de lesa humanidad, también es cierto que dicho proceso no ha frenado la constante exhibición de su impiedad. Esa actitud no es casual. Es coherente con un plan que ha venido ejecutando la dictadura. Lo ha hecho sin pausa y la providencia es solo una parte. Tiene que ver con el control sobre los ciudadanos a través del maltrato, la humillación para mantenerlos doblegados, impidiéndoles de manera deliberada el acceso a los beneficios y peor aún, castigar a todo aquel que reciba ayuda, dejando la única migaja, el mínimo beneficio posible, al delator que traicione y entregue al que le ha dado la mano.

No es un buen momento para quienes defendemos la democracia en Venezuela, lo que no significa resignación. La pandemia ha resultado en un escenario favorable para el control de la población en medio de la exhibición del cinismo y la impiedad por parte de los rostros más visibles de la tiranía. Prohibir el ingreso de vacunas, utilizarlas con privilegio y para lucrarse, anunciar una falsa vacuna cubana, la recomendación de menjurjes, en fin, todo sufrimiento, cualquier burla imaginable, son utilizados desde el ejercicio del poder de unos miserables. El régimen nunca deja de entregar a los más indefensos al peligro y las penurias. Aplican el guion cubano.

La sede de la antigua CANTV es una mole de ciberespionaje controlada por los chinos. Su contenido y operaciones son altamente secretos. El edificio fue transformado y adaptado por la empresa estatal CEIEC, Corporación Nacional de Importación y Exportación de productos electrónicos de China, bajo la supervisión directa de Nicolás Maduro y a cuya estructura solo han accedido Nicolasito y su testaferro y socio Santiago Morón; el general de brigada Jorge Márquez Monsalve, ministro del despacho de gobierno; el expresidente de CANTV, Manuel Fernández y en una primera etapa Tareck El Aissami. Ni los cubanos -ocupados con el Sistema Patria junto a los hermanos Rodríguez-, ni los militares -incluyendo los jefes de los organismos de inteligencia- han penetrado el lugar. 

A cualquiera tenía que llamar la atención el protagonismo de la FAES en el operativo de la FANB que procuraba aplastar a un sector disidente de las FARC en el límite del estado Apure con Colombia, donde desde hace rato la guerrilla manda. Se trata del desastroso operativo del 21 de marzo pasado que fracasó en su objetivo y solo ha traído muerte y dolor para la población civil. Van más de 4 mil venezolanos que han huido despavoridos, la mayoría menores de edad.

Es una nueva derrota atribuible a la institución militar. Desde hace años, los militares han venido perdiendo la batalla contra grupos de exterminio como la FAES y contra los colectivos, grupos armados creados para el control social que asegure frenar la protesta en los sectores populares que están penetrados, doblegados, vencidos por el miedo. 

Como si el pueblo venezolano no sufriera suficiente ahora el dictador se ha incorporado al conflicto interno de la Segunda Marquetalia convirtiendo el país en un campo de batalla y poniendo en peligro la vida de civiles. El pueblo está huyendo despavorido. Es gente que vive en un territorio donde lo ilícito es el modus vivendi y que probablemente recibe más de los grupos irregulares que del gobierno. Aunque la realidad es que la narcoguerrilla es parte del gobierno porque sus miembros han expandido su poder controlando operaciones de tráfico de drogas, extorsión, contrabando y minería. Esto por supuesto con la absoluta anuencia de Nicolás Maduro, solo que los guerrilleros también se pelean entre ellos.

La dictadura también juega con el control de poder inmunizarse contra el Coronavirus. Llegaron las vacunas Sputnik V y la élite del régimen se blindó cobardemente. Atrás quedó el personal de salud y postergados indefinidamente los adultos vulnerables.

Esto es parte de la cotidiana arbitrariedad de un país en el que se estacionó una crisis institucional, donde los ciudadanos han sido expulsados al abandono bajo la arbitrariedad de quienes detentan el poder ejerciendo su avaricia y vociferando su bienestar.

Recientemente arribaron a Venezuela 100 mil vacunas Sputnik V que forman parte de un total de diez millones adquiridas a Rusia. Podemos imaginar el criterio con el que serán aplicadas.