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Lo que denuncia el rector Delpino obliga a una respuesta estratégica por parte del liderazgo opositor. 

A pesar de lo alarmante de la situación también llaman la atención las diferencias internas entre Elvis Amoroso y el vicepresidente Carlos Quintero, de quien siempre se ha dicho que se encarga de mover los hilos secretos del CNE.

Amoroso por su parte, encabeza el CNE porque es de confianza de la familia presidencial, en especial de Cilia Flores a quien Amoroso le elaboraba los escritos jurídicos que ella presentaba en diferentes instancias. El rector Delpino también ha hecho pública la insólita ilegalidad llevada a cabo por el secretario Antonio Meneses que ha asumido filtrar y violentar la correspondencia interna.

Vale la advertencia al mundo opositor de cuidarse de caer en triunfalismo. La amoralidad del régimen y su acumulado de delitos, lo hace aún más peligroso.

Entretanto es relevante registrar las reveladoras señales de desconfianza dentro de la élite que está en el poder. Todos tienen un cuchillo en la boca. Y descaradamente todos amenazan con prender el ventilador.

En tiempos de desconfianza y cuando las tensiones aumentan en el Palacio Presidencial algunos se preguntan: ¿Tendrá González López más información que el director de la DGCIM Iván Hernández Dala? ¿Quién tiene mayor poder de chantaje? Difícil saberlo, responden las fuentes, aunque pesa mucho que el jefe de contrainteligencia militar ha estado más cerca de la familia presidencial. 

A menos de dos meses del proceso electoral esa tendencia, como diría la fallecida Tibisay Lucena, se presenta irreversible. Claro que el régimen, entiéndase con ello Nicolás Maduro y la élite de privilegiados en torno a Miraflores, aún no se resigna y está lejos de admitir que no puede evitar su derrota. Y aunque la impopularidad es muy fuerte, son varias las cartas tramposas, ilegales a las que Maduro puede apelar en su miedo y desesperación.

La diferencia es que en esta ocasión la oposición está haciendo política y está dispuesta a negociar, volviendo de uso cotidiano una palabra satanizada hasta hace poco: transición, y con ella un vital asunto debatido en mesas internacionales: la justicia transicional. Pero primero es lo primero.

Maduro ha intensificado su sistema de seguridad, envía informaciones contradictorias sobre su agenda y limita sus movimientos en la calle evadiendo también el trago amargo de la burla y el desprecio.

Por estos días de especial nerviosismo en Miraflores, Nicolás ha comenzado a repetir que está bloqueado en las redes sociales. Él prefiere creerlo así probablemente para no deprimirse. Quienes lo conocen insisten en que siempre procura alimentar su odio para reforzar su maldad. Lo cierto es que la censura cobarde del oficialismo ha generado un hermoso y explosivo despliegue de talento -que sin recursos y sin distingo de edades o clases sociales- se expresa luminosamente de todas las maneras posibles, demostrando la legendaria creatividad y el delicioso humor del venezolano.

Es sabido que Maduro se soporta sobre un sistema alejado de cualquier norma legal que le funcione para burlar las sanciones y para garantizar el control del dinero. Han sido varios de su confianza con los que ha ejecutado esta operación, pero fundamentalmente han sido clave Alex Saab y los hermanos Santiago y Ricardo Morón. Se presumía que en esa banda de asaltantes reinaba la armonía. Pero no era así.

Cuando el 13 de junio de 2020 la inquietud se apoderó de los inquilinos de Miraflores porque había sido detenido el empresario colombiano Alex Saab en Cabo Verde, África, los hermanos Ricardo y Santiago Morón, testaferros de Nicolás Maduro Guerra, frotaron sus manos. 

Las alarmas activadas ante el tiempo de descuento de la elección presidencial han servido para que las facciones del oficialismo procuren reagruparse ante la posible salida del poder de Nicolás Maduro. Obviamente, se han agitado aires de divisiones internas por el control del poder político y el de los negocios.

¿Han notado por ejemplo que Diosdado Cabello está haciendo su propia campaña? Lo revelador es que en su mensaje Maduro es secundario, priorizando dirigirse a lo interno del oficialismo y contra el candidato opositor. Hace poco Diosdado desplegó una foto en la que en un ensayo de demostración de fuerza se muestra rodeado de altos miembros de la Fuerza Armada

Para Maduro ha sido imposible ocultar, luego de más de un año que explotó el caso Pdvsa-Cripto, que su protegido Tareck El Aissami estaba conspirando. Evidencia hecha pública registra que desde el 2018 lo hacía su operador financiero Samark López en una conversación con Julio Borges. En eso estaban, sí, además de Samark algunos de la oposición. Pero lo escandaloso para Maduro ha de ser que varios de su propio gobierno lo han hecho activamente, muchos de los cuales siguen ocupando cargos de importancia clave como Sebin, DGCIM y hasta el Ministerio de la Defensa.

Lo irrefutable es el creciente y masivo rechazo que el pueblo venezolano siente hacia Maduro. En consecuencia, sus apoyos son menores y poco entusiastas dentro y fuera del país.

En medio de evidentes señales de debilidad ocurrió como una bendita casualidad que el fiscal de la Corte Penal Internacional Karim Khan visitara Venezuela. En el acto protocolar un nervioso Maduro mostró inseguridad frente a la audiencia.

¿Quién lo diría? Tanto inventar conspiraciones y atentados acusando a opositores inocentes a quienes ha destruido sus vidas, para ahora tener razones para desconfiar de los suyos. 

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