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Repetir las elecciones en Barinas el pasado 9 de enero en las que Sergio Garrido ganó con casi 15 puntos de diferencia a Jorge Arreaza han resultado en una humillación pública en la tierra de Hugo Chávez, donde el régimen se creía invencible. La apabullante distribución de productos de línea blanca, la mágica aparición de la gasolina y el gas, el aparente mea culpa por la ineficiencia en la distribución de recursos patentada en el abandono a la población (con el piquete de culpar a los Chávez), la censura, las amenazas, la extorsión, la presencia de 25 mil efectivos militares, no arredraron a los barineses que ya habían sido retados el 21 de noviembre cuando con una vulgar e ilegal estratagema le fue arrebatado el triunfo al dirigente opositor Freddy Superlano.

Los sangrientos sucesos en Arauca durante el primer fin de semana del año no se deben desvincular de otro enfrentamiento ocurrido en Barrancas del Orinoco, al sur del estado Monagas, que explotó el primero de enero y se repitió esta misma semana.

En Colombia la disputa entre la disidencia de las FARC y el ELN dejó 24 muertos -cuatro de ellos identificados como venezolanos- lo que llevó a la decisión del presidente Iván Duque de enviar cuatro batallones con 600 hombres a la zona limítrofe. Diego Molano titular de Defensa precisó que los eventos se iniciaron en Venezuela y tuvieron su eco en Colombia con el ELN y la Segunda Marquetalia enfrentados a la disidencia de la FARC junto al frente 10 y el frente 28. Esta violencia entre insurgentes para lograr el control de corredores de la droga se produjo durante décadas en territorio colombiano, pero ahora se ha repetido en Venezuela para desgracia de la población civil.

Cerramos el año, derrotados, porque así estamos mientras siga la dictadura. Y aunque la justicia avanzó en positivo con el caso Venezuela ahora en la fase de investigación ante la Corte Penal Internacional por el eventual juicio por crímenes de lesa humanidad, nuestra organización política interna termina el año hecha pedazos, sostenida por hilos endebles -aún con el apoyo de Estados Unidos- que aún mantienen como cabeza visible a Juan Guaidó.

En el 2021 los problemas en Venezuela se agigantaron. El año se despide con el clamor del obispo de la diócesis de San Felipe, monseñor Víctor Hugo Basade, por un poco de piedad para que cese el bloqueo que impide la posibilidad de trasplantes de órganos que ha acabado con la vida de más de 100 niños en los últimos cuatro años.

Venezuela cierra el año 2021 con 244 seres humanos inocentes depositados en las mazmorras que el régimen venezolano ha destinado para su reducción, para aleccionar a la población a la que mantiene doblegada para garantizar que nadie ose poner en peligro su permanencia en el poder.  En la espantosa estadística, solo tres estados de Venezuela se salvan de tener en su territorio grupos guerrilleros operando. Javier Tarazona es uno de los 244 inocentes encarcelados. Su detención se produjo apenas dos días después de una acusación que documentó una realidad inexpugnable: la sinergia entre el régimen de Maduro y la guerrilla colombiana y con ello, las actuaciones del ejecutor de esa política, el capitán de navío Ramón Rodríguez Chacín. Quienes conocen a Rodríguez Chacín aseguran que más que la denuncia en sí misma consignada ante Fiscalía por Javier Tarazona, el elemento activador de la furia fue la exposición de una foto en la que junto al capitán de navío estaba su esposa Carola Martínez, exoficial de la Armada, junto a tres jefes guerrilleros del ELN. 

¿Estamos prestando la atención que merece la investigación que el fiscal de la Corte Penal Internacional Karim Khan ha iniciado contra la élite del régimen que encabeza Nicolás Maduro? ¿Entendemos la importancia de garantizar que los responsables de crímenes de lesa humanidad sean procesados? ¿Tenemos una estrategia al respecto? ¿Hay equipos de trabajo abocados a ese caso de manera exclusiva? Maduro por mantenerse en Miraflores y librarse de un juicio, no durará en entregar a quien sea necesario. Hay muchas señales de que el régimen está tomando muy en serio el asunto. El entorno de Maduro asegura que es el juicio ante la Corte Penal es el único escenario al que realmente le teme. El miedo se extiende. No es difícil imaginar lo que va sintiendo la cadena de mando hacia abajo, en especial los que han visto de cerca cómo de manera implacable personajes del círculo íntimo de la pareja presidencial han sido desechados, y que aun cuando hay quienes con mejor suerte han podido huir, los huesos de otros han terminado en prisión o en un cementerio.

El régimen (de Maduro) ha movilizado a casi todo el tren ejecutivo para una campaña electoral que un pueblo abandonado nunca imaginó. Y junto al personal está la carga de ingentes recursos. No van a escatimar para tratar de impeler a los habitantes de Barinas para que voten, mientras la familia del presidente fallecido ha decidido abstenerse, hasta nueva orden. Tampoco los Chávez quieren a Maduro. Los momentos destemplados entre quienes ahora ocupan Miraflores se fueron volviendo frecuentes desde que las hijas de Chávez se negaron a entregar La Casona. Maduro comenzó a desconfiar de todos ellos y fue acumulando grabaciones y expedientes sobre la familia. Desde la madre Elena y el padre Hugo de los Reyes, pasando por Adán hasta los pichones de la última generación, han sido espiados. Comenzaron a filtrar eventos bochornosos para los Chávez, como el ocurrido en el hato La Chavera, un día que el teniente coronel en un numeroso almuerzo familiar con amigos descubrió un vehículo oculto bajo un gigantesco forro.

El oficialismo ganó, pero ahora son menos. Tienen más gobernaciones, pero perdieron poder municipal. Han registrado la participación más baja en el histórico del chavismo. Igual, el proceso del 21N ratificó que en Venezuela no hay elecciones libres. El pronunciamiento de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea no dejó dudas sobre esta conclusión. La respuesta de Maduro, sin sorpresas, fue atacar calificando a sus miembros de espías. El 21N se abstuvo el régimen y se abstuvo la oposición. Los resultados del 21N han ratificado que la dictadura no está dispuesta a respetar un resultado electoral donde salga derrotada. Se sabe que no existen condiciones para cumplir con unas elecciones. ¿Y qué vamos a hacer? Ese pueblo harto que se abstuvo y ese pueblo también harto que votó, son prueba fehaciente de que el régimen es el nuevo ejército de los disminuidos. El campo de batalla no se puede abandonar. Y si quienes dirigían la lucha no encabezan la iniciativa de convertir esto en una oportunidad, tendrán que hacerlo otros.

Venezuela está poseída por grupos criminales y países interesados en su territorio y de lo que va quedando de sus riquezas. Rusia, China e Irán, cada uno con su estilo, han avanzado peligrosamente en el trabajo de moldear el pensamiento, de orientar voluntades a través de las nuevas tecnologías de la comunicación. Dirigen a las masas para obtener de ellas respuestas convenientes.  Esos tres países han contribuido a construirle al régimen de Maduro un poderoso ecosistema de medios que tiene el objetivo de difundir masivamente sus matrices propagandísticas y manejar a la opinión pública. Es evidente que la hegemonía comunicacional del régimen se impone sin resistencia posible. La adquisición o cierre y destrucción de medios, la censura, la persecución de periodistas y de cualquier vocero que le resulte amenazante ha llegado a una audiencia que reacciona bajo la arbitrariedad de las emociones, sin percatarse de que está siendo manipulada.

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