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Es sabido que Maduro se soporta sobre un sistema alejado de cualquier norma legal que le funcione para burlar las sanciones y para garantizar el control del dinero. Han sido varios de su confianza con los que ha ejecutado esta operación, pero fundamentalmente han sido clave Alex Saab y los hermanos Santiago y Ricardo Morón. Se presumía que en esa banda de asaltantes reinaba la armonía. Pero no era así.

Cuando el 13 de junio de 2020 la inquietud se apoderó de los inquilinos de Miraflores porque había sido detenido el empresario colombiano Alex Saab en Cabo Verde, África, los hermanos Ricardo y Santiago Morón, testaferros de Nicolás Maduro Guerra, frotaron sus manos. 

Las alarmas activadas ante el tiempo de descuento de la elección presidencial han servido para que las facciones del oficialismo procuren reagruparse ante la posible salida del poder de Nicolás Maduro. Obviamente, se han agitado aires de divisiones internas por el control del poder político y el de los negocios.

¿Han notado por ejemplo que Diosdado Cabello está haciendo su propia campaña? Lo revelador es que en su mensaje Maduro es secundario, priorizando dirigirse a lo interno del oficialismo y contra el candidato opositor. Hace poco Diosdado desplegó una foto en la que en un ensayo de demostración de fuerza se muestra rodeado de altos miembros de la Fuerza Armada

Para Maduro ha sido imposible ocultar, luego de más de un año que explotó el caso Pdvsa-Cripto, que su protegido Tareck El Aissami estaba conspirando. Evidencia hecha pública registra que desde el 2018 lo hacía su operador financiero Samark López en una conversación con Julio Borges. En eso estaban, sí, además de Samark algunos de la oposición. Pero lo escandaloso para Maduro ha de ser que varios de su propio gobierno lo han hecho activamente, muchos de los cuales siguen ocupando cargos de importancia clave como Sebin, DGCIM y hasta el Ministerio de la Defensa.

Lo irrefutable es el creciente y masivo rechazo que el pueblo venezolano siente hacia Maduro. En consecuencia, sus apoyos son menores y poco entusiastas dentro y fuera del país.

En medio de evidentes señales de debilidad ocurrió como una bendita casualidad que el fiscal de la Corte Penal Internacional Karim Khan visitara Venezuela. En el acto protocolar un nervioso Maduro mostró inseguridad frente a la audiencia.

¿Quién lo diría? Tanto inventar conspiraciones y atentados acusando a opositores inocentes a quienes ha destruido sus vidas, para ahora tener razones para desconfiar de los suyos. 

A pesar de la resistencia de Manuel Rosales a asistir a la reunión planteada con María Corina Machado junto a la Plataforma Unitaria, finalmente se logró. Queda muy poco tiempo para decidir quién será el abanderado de la unidad, para poder avanzar en la estrategia a seguir frente al proceso electoral planteado para el 28 de julio. El país exige y merece respeto de parte de su liderazgo. Es urgente definir una estrategia coordinada y sólida que además esté preparada para lo peor. Porque se trata de enfrentar a una dictadura. 

Estamos en un momento clave. No podemos claudicar. Ahora menos que nunca debemos bajar la guardia. La pelea continúa.

Tareck El Aissami cayó en desgracia hace 14 meses por negarse a compartir con compañeros de su partido el destino de los ingresos de negocios ilegales, pero no estaba preso, vivía relativamente cómodo en Fuerte Tiuna. ¿Por qué lo encierran ahora? Maduro aspiraba información para recuperar el dinero robado el cual le urge ahora más que nunca cuando se acercan unas elecciones presidenciales que le exigen billete para repartir.

Maduro se siente en tiempo de descuento para confrontar un proceso electoral con el rechazo de casi todo el país, y del chavismo específicamente, que lo percibe como el jefe de una mafia corrupta.

Los próximos tiempos significarán sin duda la profundización de la represión por parte de un régimen que apretará las tenazas para impedir la libre expresión. Al respecto, Maduro ha venido asomando sus deseos. En Venezuela nadie puede referirse al desprecio del pueblo expresado hacia Maduro en la clara ausencia de gente en sus visitas a diversas comunidades. También, -a pesar del altísimo presupuesto destinado a comprar opinadores y publicidad en las redes sociales-, es evidente que le afecta que a casi nadie le interese lo que él dice o hace -salvo que la voz opositora se haga eco-. Opta entonces por la alternativa de perseguir, amenazar y apresar. En eso ellos son buenos.

Mientras estuvo en el poder Chávez cometió desafueros, atropellos ilegales con el mínimo cuidado -que no siempre logró- de no cruzar la línea que lo convertía en dictador. Solía decir que era más sabrosa la alfombra roja de la democracia. Su esfuerzo entonces iba por tratar de cuidar las formas, que insisto, no siempre logró.

A Maduro en cambio nada de eso le importa. Que le digan sanguinario, torturador, barriga verde, dictador, todo le rueda. Lo único que le importa es mantenerse en el poder y con ello vivir como lo hacen los tiranos: a cuerpo de rey. 

Estamos enfrentando al monstruo con las manos atadas, y, aun así, tenemos que seguir con la estrategia ejecutada hasta ahora y que lo ha llevado a cometer errores: mantenernos en la ruta democrática, en la opción electoral.