22 Dec
Cayó la enfermera más rica del mundo
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La defensa de Claudia Díaz Guillén, extesorera de Venezuela, trató de darle valor al hecho de que la imputada había sido muy cercana a Hugo Chávez. Para ser más precisos, y esto no fue relatado por sus abogados, la enfermera logró acercarse al expresidente azuzándole su interés por la brujería. Tercermundismo puro. En todo caso la estrategia de los defensores resultó inútil. Los 12 miembros del jurado en menos de tres horas sentenciaron como culpables a ella y a su marido, el mayor del Ejército Adrián Velásquez, alias Guarapiche, por lavar dinero proveniente de sobornos. Lo informó el juez federal del Distrito Sur de Florida William Dimitrouleas. La consecuencia de esta sentencia coloca a Díaz Guillén y su esposo, ante posibles condenas de más de 20 años.

El caso aún tiene materia pendiente que ameritaría otro juicio a personajes igualmente responsables, entre ellos el dueño de Globovision Raúl Gorrín, así como Carlos Erik Malpica Flores, extesorero también, sobrino de Cilia Flores y ahora incorporado nuevamente a la élite de Miraflores después del perdón del presidente de Estados Unidos.

Los rostros de los corruptos en Venezuela están claramente identificados, y sus delitos están soportados en documentos y testimonios que hacen inexpugnable una sentencia. Los registraron, por ejemplo, el exgobernador Carlos Tablante y el experto en seguridad Marcos Tarre en “Estado Delincuente y “El Gran Saqueo”, libros que denuncian el grotesco enriquecimiento de una élite durante estos años del chavismo.

Nicolás Maduro no habla de eso. En su entorno se mantienen Gorrín y Malpica Flores. No lo desalientan las pruebas expuestas en el expediente en España y en el de Estados Unidos. A final de cuentas, fue este último país quien libero a su sobrino político.

Tanto el juez José Antonio Mora Alarcón en España, que decidió la extradición de Díaz y Velásquez, como el tribunal del Distrito Sur de Florida, sustentan el asalto continuado desde 2008, la confabulación en la que Gorrín se aseguró el derecho a participar en más de mil millones de dólares en transacciones de cambio que le dejaron cientos de millones de dólares en ganancias, según documentó la organización Transparencia Venezuela.

Un asalto fácil de consumar si tu cómplice es la cabeza de la Tesorería de un país. Para eso Gorrín le pagaba a Díaz a través de su esposo. “Solo entre noviembre de 2012 y mayo 2013 Gorrín transfirió 8.6 millones de dólares de cuentas bancarias en Suiza a cuentas bancarias de la pareja cómplice. La cifra no incluye “pago de aviones privados, yates, mansiones, caballos campeones, relojes finos y una marca de diseñador de modas en el Distrito Sur de Texas a beneficio de Díaz y Velásquez”, agrega el documento.

En el juicio en Estados Unidos donde se escucharon los alegatos de la fiscalía y la defensa, fue clave el testimonio del extesorero Alejandro Andrade quien dio detalles de la repartición de ganancias de transacciones falsas que explotaban los rígidos controles de divisas devenidos en fuente y motor de buena parte de la corrupción en Venezuela. Andrade controlaba a Claudia Díaz y operaba con Gorrín.

La impunidad era tal que los sobornos quedaron registrados por los empleados de Gorrín en hojas de cálculo en las que se llevaba el control de los pagos que eran actualizados luego de cada depósito.

Es posible que otros involucrados en este juicio lleguen a acuerdos como el que logró Alejandro Andrade quien consiguió una visa especial en libertad a cambio de revelar detalles de las operaciones y de los responsables.

La sentencia de Díaz y Velásquez se produjo en medio de la desastrosa devaluación del bolívar que entre el 30 de octubre y el 9 de diciembre cayó 30 por ciento, explicó alarmado el economista José Guerra, quien en su análisis recuerda que entre 1999 y 2015 Venezuela recibió por exportaciones petroleras más de un billón de dólares. “Se tragaron el ingreso petrolero, se lo robaron”. Todo en perjuicio de los más débiles que ante esta devaluación ven pulverizado su salario y derrumbadas sus pensiones que han perdido 70 por ciento de su valor.

En Venezuela el criterio de manejo de recursos se sustenta en el provecho de las mafias en el poder. Por eso la crisis no sale de un círculo vicioso que solo se rompería con un cambio del sistema político. Nadie en su sano juicio puede sentir confianza en el régimen.

Tal desastre se sostiene sobre un pueblo debilitado, disperso, desinformado; para esto último, la censura es cada vez más implacable lo que se complementa con la invasión de la narrativa oficialista. De esta manera se le hace fácil al régimen reprimir las protestas que terminan borradas o desdibujadas entre el silencio y el relato de la dictadura.