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El narcoterrorismo ha conseguido en Venezuela el paraíso de sus fechorías y negocios. Lo que antes se hacía con discreción y prudencia, ahora es refrendado por el alto mando militar cuyos miembros se han convertido en sus socios subordinados. Los pocos oficiales que han resistido a las tentaciones del oro y el porro, han sido trasladados a otros destinos. La mayoría, la contundente mayoría con decisión en la FANB, baja la cabeza y estira la mano para incorporarse al escenario del bochorno y la traición, entregando tierras venezolanas a criminales asociados al terrorismo que asaltan nuestras riquezas mientras el país muere de hambre, de enfermedad, de desolación.

Como diría el profesor Óscar Vallés: las universidades son los últimos islotes de la libertad. Y eso es lo que establece el límite último de la hegemonía entre el Estado y la sociedad venezolana.

Y es que en esa resistencia frente a los embates del chavismo, el sector universitario ha tenido un protagonismo inolvidable y decisivo, demostrando que siempre será cantera de líderes. Nada casual es que Juan Guaidó haya sido uno de los tantos protagonistas de las protestas de 2007 que ejecutaron la derrota de Chávez en su intento de reformar la Constitución.

Esta situación interna del chavismo agita los escenarios planteados para resolver la dramática situación venezolana y de alguna manera sincera lo que ha sido colocado en la mesa dirigida por los noruegos: “el problema es Maduro”.

Todos andan asegurando sus espaldas. Los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez se han dividido responsabilidades para procurar un escenario que les evite malos ratos futuros. Él retó a Diosdado cuando éste presionó para profundizar el enfrentamiento con la oposición. Pretendía apresar más diputados y forzar el adelanto de elecciones parlamentarias.

En todo caso, es Padrino quien se siente con la fuerza para exigir presidir una Junta de Transición. Pero no es el único. Para Maduro se trata de una realidad muy incómoda, pero Jorge Rodríguez ha hecho su trabajo junto a su hermana, quien ha suavizado a Cilia Flores a su favor procurando el escenario menos malo para su familia. Los Maduro-Flores necesitan que el eventual gobierno de transición quede en manos de un aliado confiable. Para eso la vicepresidenta de Maduro se muestra solícita, mientras Jorge negocia en Barbados.

La dureza de nuevas sanciones de Estados Unidos activaron en la élite del régimen la certeza de que Maduro estaba utilizando la mesa de negociaciones para salvarse él solo. Los más molestos son el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López y el presidente de la ANC, Diosdado Cabello.

Padrino reaccionó particularmente brusco en un tuit a principios de la tarde de ese miércoles, amenazando a los responsables de las sanciones y exigiendo justicia en nombre de la FANB.

El problema son las intenciones de quienes en estas últimas semanas se han movilizado para fracturar el apoyo al presidente interino Juan Guaidó.

Y lo avieso, es que lo hacen presentándose como parte de la oposición, cuando la consecuencia ulterior sería mantener a Maduro y su banda criminal en el poder.

 

Un coronel de la Fuerza Armada venezolana fue colocado en un puesto fronterizo con Colombia. A los pocos días se presentó un emisario que esperó pacientemente que el militar lo atendiera. Cuando entró a su oficina, soltó una bolsa con más de 80 mil dólares. El oficial gritó: "¡llévese esa vaina!" "Eso es suyo –respondió el personaje-. Si usted quiere, lo bota, lo quema, lo regala; yo cumplo con la orden de entregárselo. Aquí está la tarjeta de quien lo envía". Se trataba de un empresario del oro. El episodio impulsó al coronel a Caracas, donde renunció.

Desde el pasado 1 de junio Karen estuvo detenida. Los verdugos llegaron a su casa disfrazados de legalidad. A diferencia de los despliegues de FAES en los que encapuchados toman los barrios para asesinar, violar jovencitas, agredir a ancianos y criminalizar a vecinos, estos efectivos se presentaron con piel de oveja, como funcionarios del Sistema de Orquestas que necesitaban trasladarla para una conversación. Su madre Yudith Pérez, la acompañó. Ya en la camioneta retomaron su verdadero rostro. Se colocaron chalecos antibalas –¡cuanto miedo ante dos frágiles mujeres!–, capuchas y las armas de guerra que dentro de un carro se ven aún más gigantescas.

 

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