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Son 20 años bajo el yugo de unos desgraciados con una inmensa capacidad de maldad para la que no estábamos preparados. Nos cuesta por lo tanto entender por qué a pesar de ser mayoría, no hayamos podido expulsar a un tirano y a su círculo de mafiosos. Nos ocurrió que nunca sentimos que estaba en riesgo la democracia. Las diferencias con el gobierno de turno se resolvían en las próximas elecciones. Los casos de corrupción eran difundidos en los medios de comunicación y los mandatarios denunciados eran capaces de darnos un premio de periodismo.

Hubo una interrogante en la entrevista que hizo la periodista venezolana del canal NTN24 Idania Chirinos al expresidente del IVSS. La respuesta es el titular de estos 20 años de tragedia. Idania le preguntó a Rotondaro si a alguien del régimen le importa que los venezolanos mueran por falta de medicamentos. La respuesta del militar fue: "no".

La indignación suele conspirar contra la sensatez. Por eso habrá que insistir en prestar atención a lo que diga Rotondaro y sus datos, si son útiles, incorporarlos a la estrategia. Varios elementos convierten al general en un personaje de interés. Rotondaro ha sido del grupo de Diosdado Cabello, con acceso a información privilegiada. Tal vez por eso sus ataques suelen apuntar hacia Tareck El Aissami y Vladimir Padrino López.

Los cubanos han insistido a Maduro en la necesidad de replegar al gobierno hacia Guayana ante los escenarios de pérdida de control de poder en Caracas, bien sea por una acción militar externa o interna, o un estallido social con el colapso de los servicios. Estudios previos habían determinado que esa zona es un territorio apropiado para resistir, con acceso a agua, sistema eléctrico, comunicaciones y que en caso de bloqueo por el Mar Caribe, ofrece salida hacia el Atlántico a través del río Orinoco.

Sobre la comisión nombrada por Maduro, el ministro de la Defensa Vladimir Padrino López anunció que Delcy había mudado su puesto de comando para el estado Bolívar

 

Para esta lucha, más importante que la decisión del régimen de abortar la orden de detener a Guaidó, es que él haya decidido regresar y plantar cara a una dictadura a la que no tiene miedo. Es un mensaje muy poderoso que no se construye con campañas publicitarias. Además, Guaidó cumplió su palabra. Ingresó por Maiquetía, por donde lo hacen los presidentes, según lo había anunciado.

Parece imposible obtener más pruebas de que Maduro es un dictador sanguinario. Los ya centenares de militares que han huido a Colombia y Brasil coinciden en que la orden impartida es reprimir y asesinar al pueblo. La ministra de Prisiones, Iris Varela, se publicita en redes junto a civiles con armas de guerra. Freddy Bernal dirige a la FAES, un grupo armado con asesinatos masivos en su haber. A estos se suman los colectivos que en distintas regiones se comportan como operadores del reparto del botín local –en barrios, pueblos, ciudades– y actúan por delegación de gobernadores y alcaldes que les han encargado el orden público.

Y entonces a Monseñor Moronta, Dios le abrió los ojos. En los últimos años ha sido crítico de la gestión de Nicolás Maduro. Varias frases son memorables en las cartas que envió recientemente al dictador y a la FANB. El obispo, que escribe como ciudadano y pastor de la iglesia, narra con crudeza la tragedia de los venezolanos. El hambre, la pobreza crítica, los índices de desnutrición, la crisis hospitalaria y la falta de medicinas “Me imagino que a usted eso no se lo informan”, dice al usurpador.

Lo que antes era una amenaza se ha convertido en certeza. Maduro ve en su futuro la cárcel o la inmolación. Quedará registrado como el más estúpido dictador. Sanguinario, pero estúpido.

La estrategia opositora ha sido la adecuada. Para un régimen constituido por mafias, el dinero tiene que ser la primera preocupación de sus miembros. Y si además les ofrecen benevolencia, bienvenida sea.

Maduro huele a muerte. Es la oscuridad, la amargura. La mentada de madre gritada en coro por venezolanos en cada rincón del planeta.

La esperanza fue creciendo cuando los diputados de la Asamblea Nacional con coherencia junto a sus grupos partidistas, informaron la decisión de sacar al usurpador y hacer respetar la Constitución.

Y entonces Juan Guaidó asumió la oportunidad que le tocó en la historia. Un joven de 35 años que desde cuando fue estudiante había asumido su pasión por la política, con éxito además, cuando en 2007 junto a ya legendarios compañeros, movilizaron las calles en protestas por el cierre de Radio Caracas Televisión y le propinaron la primera gran derrota política a Hugo Chávez en su primer intento de reformar la Constitución.