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Resulta que para el Ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, etc. (ratificado) Miguel Rodríguez Torres, hay homicidios malos y otros, al parecer, no tan malos. El ex golpista del 4F afirma que 76 de cada 100 homicidios que se registran en el país (que se registran lean bien)  son el resultado de enfrentamientos entre bandas criminales, o de antisociales y cuerpos de seguridad. En pocas palabras, casi todas las víctimas son delincuentes. Poco le faltó para afirmar: no sean tan duros con la estadística que puede que las cifras rojas resulten en una especie de limpieza, comparable a la que también se cumple en las cárceles venezolanas.

 

Tema delicado el planteado por Rodríguez Torres. La afirmación fue publicada en el diario El Universal el pasado 7 de septiembre. 

 

Confieso una enorme debilidad por quienes hacen reír. Si yo logro una carcajada me ubico de inmediato en la categoría feliz. ¡Dígame si esa risa llega a ser tan irrefrenable que hace llorar! Es lo máximo. Lástima que me sucede con poca frecuencia. Siempre he estado más cerca de las lágrimas de la tristeza. La lectura de los textos que escribo genera lágrimas. Mis textos duelen. También yo he llorado mientras los escribía.

 

Llorar es algo que no me agrada. Eludo las lágrimas con abierta cobardía, pero qué va, ahí están tras un crimen, bajo una violación, frente a la impunidad.

 

Las lágrimas también brotan por indignación.

 

La marea socialista ha pasado a ser de una anécdota a una amenaza dentro el Psuv. A Maduro, muchos de sus militantes han comenzado a odiarlo, tanto o más que a un dirigente de la oposición. El asunto es tan esperado como sencillo, aun cuando sus consecuencias son fatales para el país.

 

Aceleradamente Venezuela se vuelve una ruina. Nada anda bien; los problemas se multiplican y los gobernantes de turno degüellan la democracia. Los crímenes mutan en monstruosidades terroríficas mientras las protestas son tema de ficción porque nadie las registra.

 

 La conocí desde que nací. Por eso el encuentro personal me pareció sólo una formalidad, casi un acto rutinario. Un encuentro para un café entre unas amigas de toda la vida. Isa Dobles se apareció radiante con ese pelo rubio, abundante que batía con rebeldía y al que nunca le salieron canas. A partir de ese día, en mi casa en diciembre sólo se comieron sus hallacas, y el día de las Madres no existían si ella no estaba junto a mi mamá.


Isa era una mujer fascinante, arrolladora. Nadie entendía cómo podíamos trabajar juntas. Los vaticinios aseguraban que la relación laboral entre ella y yo iba a ser un sangriento choque de trenes. Quienes eso aspiraron se quedaron con las ganas. Nos juntamos con la naturalidad de unas aliadas, con la fuerza de un gran secreto, con la comunión del amor por la libertad. Siempre estaba alegre. Detestaba la vejez.

 

“Es inevitable un gobierno de transición salido del chavismo”, conclusión lapidaria del padre Luis Ugalde. Tal vez uno de los pocos venezolanos que le puede hacer este planteamiento tan controversial al país, sin ser agredido por la oposición o el oficialismo.

 

Ugalde, entrevistado por el periodista de El Universal, Roberto Giusti, plantea que el gobierno ha fracasado y que se le ha reducido su capacidad de maniobra por lo que estaría necesitado de un cambio de rumbo, antes de que sus propios seguidores le reclamen su incapacidad e inmoralidad en el manejo de los recursos.

Jorge Giordani no iba a dejar pasar esa afrenta. Haberse mantenido en el poder durante 15 años y considerarse el padre de Hugo Chávez -por lo tanto de su proyecto político- lo llevaron a sentirse el representante moral de este proceso en el que con cada minuto que pasa, la palabra revolución le va quedando más ridícula. Sentirse de esa manera le permitía a Giordani cometer ciertas ligerezas que no perdonan quienes ejercen el poder. Denunciar las empresas de maletín y el robo descarado de 20 millardos de dólares, no es cualquier cosa. Porque además fue una amenaza. Imagino que Rafael Ramírez y la élite del gobierno que se presume encabezan Nicolás Maduro y Cilia Flores, tomaron la decisión. Lo despidieron sin contemplación.

 

Ya de alguna manera Giordani venía siendo maltratado. Lo cuenta él mismo al describir procesos en los que era claramente ignorado, ni qué decir lo que ocurría con sus consejos o sugerencias.  Ya también lo escribió Héctor Navarro: todo lo que proponía Giordani venía con el sello de “Diferido”.

 

No fue suficiente que la esposa y la hija del chofer Robert Azuaje estuvieran a bordo del autobús Expresos Lara. Tampoco que algunos pasajeros –dicen testimonios recogidos por los reporteros a sobrevivientes- solicitaran al conductor que bajara la velocidad. No lo hizo. Tal vez se quedó dormido. De cualquier manera todo terminó muy mal. Terriblemente mal. El autobús Mercedes Benz quedó partido, se podría decir que rebanado, luego de llevarse la defensa vial en el kilómetro 50 de la Autopista Regional del Centro para luego chocar contra un árbol.

 

20 muertos y 15 heridos -10 de ellos de gravedad- dejó este accidente ocurrido a las 4:10 de la madrugada del lunes en la ruta Barquisimeto-Caracas y del cual se están investigando las causas, sin descartar una falla mecánica, pero con el peso de quienes aseguran que el chofer iba muy rápido sin necesidad.

 

 

Como si no hubiese sido suficiente la trompetilla con la que respondió el  régimen a la solicitud de la Ley de Amnistía por parte de la MUD en la mesa de diálogo, ahora el Tribunal Supremo de Justicia ha decidido extender indefinidamente el período de los rectores del CNE. Período que hace rato está vencido.

 

Casi desde el mismo momento que se instaló la mesa de diálogo, el gobierno no ha hecho más que burlarse. Pareciera que la convocatoria formó parte de una acción planificada para dividir a la oposición y ciertamente para enfriar la calle. ¿Lo logró? De alguna manera, sí.