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Con franqueza, pensé que el asunto iba a resultar peor. Siempre es un riesgo asistir a un territorio minado, donde el anfitrión tiene francotiradores y va a esperar el mínimo descuido para dar la orden de disparar.

 

Sin embargo, apenas conocí la invitación a un “diálogo” a los alcaldes recién electos por parte del gobierno, pensé que valía la pena acudir. A final de cuentas el diálogo es nuestra propuesta, no la de ellos. Durante toda esta travesía hemos convocado a la integración del país, a ejercer la tolerancia, a procurar el debate, a respetar al adversario. Así que hubiese sido absurdo esquivar esta responsabilidad. 

No sé si votar me hace mejor persona, pero lo que sí les aseguro es que me hace sentir muy bien, en especial cuando logro hacerlo concientemente y a pesar del abuso y el grotesco ventajismo, a pesar de Tibisay y compañía en su CNE, en fin, a pesar de los gangsters que detentan el (abuso de) poder. A pesar también del oprobioso silencio de los medios de comunicación censurados y autocensurados.

Pero la abstención no es mi tema hoy. Entiendo que el liderazgo político opositor evaluará los resultados y con ello asumirá una estrategia que deberá partir del evento inocultable de que a los gobernantes de turno oficialistas, les importa un bledo la problemática venezolana y sus ciudadanos. Su exclusiva preocupación es seguir engordando sus cuentas corrientes en la misma proporción que a algunos de ellos les han crecido sus barrigas.

  

 

Primero: mis disculpas a mis respetados lectores  a quienes les puede desagradar lo que voy a expresar. Ustedes entenderán, estoy razonablemente molesta.

Voy.

La información que manejo hasta el momento indica sin duda alguna que el sector opositor ha crecido considerablemente frente al desastre, el asco, la corrupción, la ineptitud con el que este gobierno no sólo destruye este país, si no que nos va convirtiendo en poca cosa, en nada, en recogedores de migajas, en convivientes de corruptos –por lo tanto en corruptos- en cómplices del odio –porque odiamos, así lo neguemos- en expectantes necios y agresivos, mezquinos del trabajo político que hacen unos grandes seres que cómodamente podrían desentenderse de la realidad del país o ser cómplices del grosero festín en el que las cabezas de este régimen se gozan las riquezas del país.

Atacantes desconocidos –y ni tanto- intentaron incendiar la camioneta donde viajaba Henrique Capriles, camino a Maracay. El gobernador de Miranda a través de un tuit informó el hecho acompañado de este mensaje: “les pido más que nunca votar #8D”.

 El gobierno, en un descaro sin precedentes –y ya existían bastante graves- ha ejercido la violencia directa o indirecta contra Henrique Capriles. Le ha bloqueado vías de acceso cuando se dirige hacia el interior, ha detenido vuelos, ha apresado a su asistente y perseguido penalmente a otros dos, pero Henrique sigue ahí.

20 Nov

 

El vicepresidente Jorge Arreaza, solicitó juicio contra El Nuevo País, por una foto en primera;  el Ministro del Interior y Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres dijo que el gobierno debe demandar a El Universal por publicar una fotografía que muestra una mancha de sangre tras un crimen; el director de El Mundo, Omar Lugo, fue despedido por un titular de primera página del viernes pasado. Todo esto ocurrió en menos de 48 horas.

 

Nada más difícil que concentrarse en escribir mientras habla Nicolás Maduro. Y ahora lo hace a cada rato. Todos los días se encadena. Entre tanto vienen a mi mente decenas de imágenes que han retratado a los venezolanos en los últimos días. No son escenas gratas de ver, las que van circulando por el mundo. Se trata de golilleros disputándose un electrodoméstico, de comerciantes bajando la cabeza o negociando con el gobierno, del consumismo exacerbado, y de la política electorera que ofrece espejitos a cambio del voto.

 

Mal debe andar un gobierno cuando con pocos meses de vida, no deja de hablar de un difunto. Presumo que de aquí al 8D, habrá misas, competencias, actos y actores, nacionales e internacionales que burlaran la ley electoral –una vez más- y tratarán de capturar los votos y las emociones que han salido huyendo despavoridos desde el primer día que Maduro abrió la boca como candidato.

 

La decisión de decretar el 8D día de lealtad para el difunto (o algo así), puede resumirse en una palabra: miedo. 

Internet y el registro de bibliotecas acumula centenares de versiones respecto al origen de la canción londinense, un clásico de la música infantil: El puente de Londres se va a caer.

La versión más repetida refiere que la pieza fue escrita durante la construcción del puente de Londres y relata las dificultades que tuvieron los obreros para construirlo;  otra, hace alusión a un gran incendio en la capital inglesa; algunos dicen que la canción fue compuesta en 1010 y que se escribió cuando los vikingos derrumbaron un puente. Una versión tenebrosa cuenta que en el puente se realizaban sacrificios y que es probable que bajo él, estén enterrados los cuerpos.

Lo cierto que el anuncio de “se va a caer” ha dado para todo.