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Cuentan que hace mes y medio cuando se generó la posibilidad de que el periodista Jesús Chúo Torrealba fuese designado secretario ejecutivo de la MUD –idea que surgió de Un Nuevo Tiempo- varias de las organizaciones partidistas ofrecieron resistencia. Sentían -según trascendió- que iba a ser muy difícil para Chúo calzar los zapatos de Ramón Guillermo Aveledo quien a pesar de que los partidos tradicionales lo consideran uno de ellos, tuvo que cumplir una labor diplomática y en muchos sentidos titánica, para mantener la unidad. En cambio a Chúo lo han percibido más lejano,  –a pesar de su intensa actividad en tiempos de la Coordinadora Democrática-. La fuerza de Chúo se sustenta en su importante labor en los medios de comunicación y su gran tesón para mantener al aire sus programas “Radar de los barrios” y “Del dicho al hecho”, lo cual ha manejado con autonomía, circunstancia que pudiese ser una piedrita en el zapato para muchos, y la razón de fondo que propició la resistencia a su designación. 

 

 

Como marcados, pagando un karma o víctimas de un maleficio. Sensaciones que destacan en el venezolano por estos tiempos. La escasez cotidiana va decantando en tragedia cuando se trata de la salud pública, y viene entonces una situación confusa oscura que el gobierno nada hace por aclarar: ocurren diez muertes en el Hospital Central de Maracay. Ante eso, en lugar de actuar con transparencia, de tratar de aclarar el origen de tales fallecimientos, el Ejecutivo arremete contra los médicos que alertan sobre la extensión del virus Chicungunya –a nivel de severísima epidemia según expertos- y la propagación del dengue.

 

El empeño del gobierno en tratar de ocultar la preocupante situación asistencial del país, lo lleva a cometer errores que los venezolanos están pagando con sus vidas. 

 

Resulta que para el Ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, etc. (ratificado) Miguel Rodríguez Torres, hay homicidios malos y otros, al parecer, no tan malos. El ex golpista del 4F afirma que 76 de cada 100 homicidios que se registran en el país (que se registran lean bien)  son el resultado de enfrentamientos entre bandas criminales, o de antisociales y cuerpos de seguridad. En pocas palabras, casi todas las víctimas son delincuentes. Poco le faltó para afirmar: no sean tan duros con la estadística que puede que las cifras rojas resulten en una especie de limpieza, comparable a la que también se cumple en las cárceles venezolanas.

 

Tema delicado el planteado por Rodríguez Torres. La afirmación fue publicada en el diario El Universal el pasado 7 de septiembre. 

 

Confieso una enorme debilidad por quienes hacen reír. Si yo logro una carcajada me ubico de inmediato en la categoría feliz. ¡Dígame si esa risa llega a ser tan irrefrenable que hace llorar! Es lo máximo. Lástima que me sucede con poca frecuencia. Siempre he estado más cerca de las lágrimas de la tristeza. La lectura de los textos que escribo genera lágrimas. Mis textos duelen. También yo he llorado mientras los escribía.

 

Llorar es algo que no me agrada. Eludo las lágrimas con abierta cobardía, pero qué va, ahí están tras un crimen, bajo una violación, frente a la impunidad.

 

Las lágrimas también brotan por indignación.

 

La marea socialista ha pasado a ser de una anécdota a una amenaza dentro el Psuv. A Maduro, muchos de sus militantes han comenzado a odiarlo, tanto o más que a un dirigente de la oposición. El asunto es tan esperado como sencillo, aun cuando sus consecuencias son fatales para el país.

 

Aceleradamente Venezuela se vuelve una ruina. Nada anda bien; los problemas se multiplican y los gobernantes de turno degüellan la democracia. Los crímenes mutan en monstruosidades terroríficas mientras las protestas son tema de ficción porque nadie las registra.

 

 La conocí desde que nací. Por eso el encuentro personal me pareció sólo una formalidad, casi un acto rutinario. Un encuentro para un café entre unas amigas de toda la vida. Isa Dobles se apareció radiante con ese pelo rubio, abundante que batía con rebeldía y al que nunca le salieron canas. A partir de ese día, en mi casa en diciembre sólo se comieron sus hallacas, y el día de las Madres no existían si ella no estaba junto a mi mamá.


Isa era una mujer fascinante, arrolladora. Nadie entendía cómo podíamos trabajar juntas. Los vaticinios aseguraban que la relación laboral entre ella y yo iba a ser un sangriento choque de trenes. Quienes eso aspiraron se quedaron con las ganas. Nos juntamos con la naturalidad de unas aliadas, con la fuerza de un gran secreto, con la comunión del amor por la libertad. Siempre estaba alegre. Detestaba la vejez.

 

“Es inevitable un gobierno de transición salido del chavismo”, conclusión lapidaria del padre Luis Ugalde. Tal vez uno de los pocos venezolanos que le puede hacer este planteamiento tan controversial al país, sin ser agredido por la oposición o el oficialismo.

 

Ugalde, entrevistado por el periodista de El Universal, Roberto Giusti, plantea que el gobierno ha fracasado y que se le ha reducido su capacidad de maniobra por lo que estaría necesitado de un cambio de rumbo, antes de que sus propios seguidores le reclamen su incapacidad e inmoralidad en el manejo de los recursos.

Jorge Giordani no iba a dejar pasar esa afrenta. Haberse mantenido en el poder durante 15 años y considerarse el padre de Hugo Chávez -por lo tanto de su proyecto político- lo llevaron a sentirse el representante moral de este proceso en el que con cada minuto que pasa, la palabra revolución le va quedando más ridícula. Sentirse de esa manera le permitía a Giordani cometer ciertas ligerezas que no perdonan quienes ejercen el poder. Denunciar las empresas de maletín y el robo descarado de 20 millardos de dólares, no es cualquier cosa. Porque además fue una amenaza. Imagino que Rafael Ramírez y la élite del gobierno que se presume encabezan Nicolás Maduro y Cilia Flores, tomaron la decisión. Lo despidieron sin contemplación.

 

Ya de alguna manera Giordani venía siendo maltratado. Lo cuenta él mismo al describir procesos en los que era claramente ignorado, ni qué decir lo que ocurría con sus consejos o sugerencias.  Ya también lo escribió Héctor Navarro: todo lo que proponía Giordani venía con el sello de “Diferido”.