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El problema son las intenciones de quienes en estas últimas semanas se han movilizado para fracturar el apoyo al presidente interino Juan Guaidó.

Y lo avieso, es que lo hacen presentándose como parte de la oposición, cuando la consecuencia ulterior sería mantener a Maduro y su banda criminal en el poder.

 

Un coronel de la Fuerza Armada venezolana fue colocado en un puesto fronterizo con Colombia. A los pocos días se presentó un emisario que esperó pacientemente que el militar lo atendiera. Cuando entró a su oficina, soltó una bolsa con más de 80 mil dólares. El oficial gritó: "¡llévese esa vaina!" "Eso es suyo –respondió el personaje-. Si usted quiere, lo bota, lo quema, lo regala; yo cumplo con la orden de entregárselo. Aquí está la tarjeta de quien lo envía". Se trataba de un empresario del oro. El episodio impulsó al coronel a Caracas, donde renunció.

Desde el pasado 1 de junio Karen estuvo detenida. Los verdugos llegaron a su casa disfrazados de legalidad. A diferencia de los despliegues de FAES en los que encapuchados toman los barrios para asesinar, violar jovencitas, agredir a ancianos y criminalizar a vecinos, estos efectivos se presentaron con piel de oveja, como funcionarios del Sistema de Orquestas que necesitaban trasladarla para una conversación. Su madre Yudith Pérez, la acompañó. Ya en la camioneta retomaron su verdadero rostro. Se colocaron chalecos antibalas –¡cuanto miedo ante dos frágiles mujeres!–, capuchas y las armas de guerra que dentro de un carro se ven aún más gigantescas.

 

El Tren de Aragua es considerada una mega banda cuya existencia ha sido ampliamente denunciada. La única explicación para que se haya mantenido y consolidado, es su asociación con el régimen que la ha utilizado para operaciones sucias que le interesan a la dictadura, como esas que Iris Varela tiene en mente.

La banda criminal ha cometido secuestros, extorsiones, homicidios, robo y hurto de vehículos en por lo menos seis estados del país. Comenzó en la zona central pero ha extendido sus actividades a la minería en el estado Bolívar y al tráfico de drogas en estados fronterizos.

Nos atormenta en esta tragedia, tener que asumir que hay venezolanos capaces de infligir los dolores más atroces a un compatriota indefenso. Porque esa es una realidad: no solo los cubanos torturan; también lo hacen monstruos venezolanos. Tenemos nuestra propia cosecha de asesinos en serie. Algunos lo hacen por obediencia, otros por placer. Son enfermos de poder.

Ya los especialistas tratarán de explicar qué nos ha pasado como sociedad. Porque tenemos mucho que revisarnos como país.

La celebración de los 198 años de la Batalla de Carabobo se deformó en morisqueta, en un evento clandestino que evitó la masa militar y se ocultó del cielo abierto. Con la excusa de esperar el amanecer, Maduro sorprendió hasta a una parte del alto mando.

La celebración sin precedentes resultó en una mescolanza en la que es posible que hubiese más cubanos que venezolanos. Fue una breve puesta en escena que dejó a un lado el tradicional momento de las condecoraciones y se olvidó de la parada militar.

En Venezuela la verdad queda sometida a la arbitrariedad de las redes donde entre otras funciones, todos se sienten periodistas (también presidentes) y por lo tanto construyen su propia verdad, la de su gusto, la de su necesidad, sin considerar que al no tener las herramientas para valorar una noticia, están expuestos a poderosos gobiernos o sectores interesados varios, que enturbian la realidad, que manipulan hechos con objetivos casados con sus intereses. La existencia de los troles con mensajes dirigidos a la comunidad en línea ha sido suficientemente probado. Venezuela no escapa a ello.

¿Quién podría asegurar que Maduro no es un enemigo común para muchos? Cuba debe haber pensado en el sustituto ideal, en el traspaso de poder hacia un amigo que no altere la sumisión venezolana. Eso es mejor que perderlo todo. El amigo pudo haber sido Padrino López pero el 30A quedó rayado. ¿Y entonces? Allí está Diosdado, el que odia a los comunistas, el socio de empresarios, el de la derecha endógena. Pero también, el que todavía resiste las tentaciones de Estados Unidos. Podría ser el hombre y él aspira a serlo.