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Jorge Giordani no iba a dejar pasar esa afrenta. Haberse mantenido en el poder durante 15 años y considerarse el padre de Hugo Chávez -por lo tanto de su proyecto político- lo llevaron a sentirse el representante moral de este proceso en el que con cada minuto que pasa, la palabra revolución le va quedando más ridícula. Sentirse de esa manera le permitía a Giordani cometer ciertas ligerezas que no perdonan quienes ejercen el poder. Denunciar las empresas de maletín y el robo descarado de 20 millardos de dólares, no es cualquier cosa. Porque además fue una amenaza. Imagino que Rafael Ramírez y la élite del gobierno que se presume encabezan Nicolás Maduro y Cilia Flores, tomaron la decisión. Lo despidieron sin contemplación.

 

Ya de alguna manera Giordani venía siendo maltratado. Lo cuenta él mismo al describir procesos en los que era claramente ignorado, ni qué decir lo que ocurría con sus consejos o sugerencias.  Ya también lo escribió Héctor Navarro: todo lo que proponía Giordani venía con el sello de “Diferido”.

 

No fue suficiente que la esposa y la hija del chofer Robert Azuaje estuvieran a bordo del autobús Expresos Lara. Tampoco que algunos pasajeros –dicen testimonios recogidos por los reporteros a sobrevivientes- solicitaran al conductor que bajara la velocidad. No lo hizo. Tal vez se quedó dormido. De cualquier manera todo terminó muy mal. Terriblemente mal. El autobús Mercedes Benz quedó partido, se podría decir que rebanado, luego de llevarse la defensa vial en el kilómetro 50 de la Autopista Regional del Centro para luego chocar contra un árbol.

 

20 muertos y 15 heridos -10 de ellos de gravedad- dejó este accidente ocurrido a las 4:10 de la madrugada del lunes en la ruta Barquisimeto-Caracas y del cual se están investigando las causas, sin descartar una falla mecánica, pero con el peso de quienes aseguran que el chofer iba muy rápido sin necesidad.

 

 

Como si no hubiese sido suficiente la trompetilla con la que respondió el  régimen a la solicitud de la Ley de Amnistía por parte de la MUD en la mesa de diálogo, ahora el Tribunal Supremo de Justicia ha decidido extender indefinidamente el período de los rectores del CNE. Período que hace rato está vencido.

 

Casi desde el mismo momento que se instaló la mesa de diálogo, el gobierno no ha hecho más que burlarse. Pareciera que la convocatoria formó parte de una acción planificada para dividir a la oposición y ciertamente para enfriar la calle. ¿Lo logró? De alguna manera, sí.

 422 cadáveres alojó la morgue de Bello Monte en el mes de mayo. Muchos de ellos niños y adolescentes.

 

La impunidad, la ausencia de estado de derecho, la politización de la justicia, la desprofesionalización de los tribunales, la corrupción, son elementos que le garantizan a los autores de delitos, que tienen la libertad asegurada hagan lo que hagan. Es terrible. Las bandas de delincuentes azotan hasta a los cuerpos policiales quienes rendidos ante su minusvalía en armamentos, observan como azotes y colectivos alzan las banderas de la militancia chavista como el salvoconducto para cometer crímenes.

 

Todos somos víctimas. Hasta la élite política que no se mueve con menos de una docena de escoltas, ha sufrido los embates del hampa.

Sus propios compañeros de armas los trataron como enemigos. Se trataba de una protesta de un grupo de militares, golpistas del 4F y 27N, compañeros de lucha, del chavismo pues. Los efectivos llevan días solicitando ajuste salarial, pensión y reenganche tal y como se lo prometió su Comandante Chávez. Ese privilegio Maduro se lo ha dado a pocos –con ascenso incluido, reconocimiento de antigüedades y demás privilegios- entre ellos al presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello.

 

El asunto es que los oficiales, algunos acompañados de sus familiares, tomaron con pancartas parte del centro de Caracas desde la tarde del pasado 26 de mayo. Antes habían alzado su voz en el Tribunal Supremo de Justicia.

 

O lo hace el hampa, la estadística sigue siendo monstruosa –tan sólo el domingo pasado un menor de 15 años fue atacado a tiros en el sector La Unión en La Vega- o lo hace la represión. Igual están matando a nuestros muchachos.

 

Parece una conspiración contra el futuro. Un decreto para aniquilar sueños, una decisión maléfica que pretende aniquilar a nuestros jóvenes, así como dicen que ocurrió cuando un meteorito desapareció a los dinosaurios.

No me voy a referir al dicho que tanto circuló cuando se conoció la muerte de Eliézer Otaiza,  ex director de Disip, y ex de otros tantos cargos en este gobierno que ya pasa de 15 años: quien a hierro mata…

 

Me niego a que mi espíritu se haya contagiado de sed de venganza y de todos esos sentimientos oscuros sobre los que se ha sostenido este régimen.

 

Cuando digo la ley de Otaiza pienso en la que le están aplicando los jefes del régimen a los ciudadanos de este país, al convertirnos a todos en presas de maleantes que con total impunidad acaban con vidas, sin distingo de ideologías o colores políticos.

 

Nunca faltan aquellos que flotan como el corcho y que viven cazando la primera oportunidad para empantanar las circunstancias y aprovecharse de los momentos complicados de los otros. Los pescadores en río revuelto, pues.

 

Nadie duda de que el país está convulsionado. Y más allá, todas las encuestadoras registran que la mayoría de los venezolanos tiene la terrible certeza de la proximidad de tiempos peores. De violencia, de escasez, de orfandad, de anarquía.  De caos.