11 May
Las cacerolas retumbaron otra vez
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¡Nooo!, gritaron centenares de humildes trabajadores furiosos al sentirse estafados luego de escuchar de boca de Nicolás Maduro que no habría aumento salarial. El anuncio vociferado en la Plaza O´leary, fue transmitido en vivo por las redes controladas por oficialistas confiados en que nadie se atrevería a rechistar. “¿Ustedes están de acuerdo?”. Y la pita y los brazos balanceados en señal de rechazo fueron suficientemente elocuentes. “¡Aprobado por la clase obrera!”, fue la respuesta de Maduro descarado, sin bochorno, aunque las alarmas oficialistas se activaron de inmediato, y aún con más fuerza, luego de que las cacerolas sonaron esa noche con furia en los barrios, como en los mejores tiempos de la lucha contra la dictadura.

Por eso apenas unas horas después, Maduro hizo correcciones. “Estuve pensando…” anunció dejando ver su facha improvisada, su dejadez frente a las necesidades del pueblo. Así, incrementó en diez dólares el Bono de Guerra y anunció que para ese beneficio serían incluidos empleados y jubilados.

Pero lo medular de la realidad para el trabajador venezolano es que aumento salarial, no hay.

El régimen se muestra con las manos vacías para gobernar, mientras siguen siendo noticia las detenciones del caso Pdvsa-Cripto con cálculos aproximados de que el asalto a las arcas venezolanas fue por lo menos de 20 mil millones de dólares, crimen ejecutado por funcionarios designados, y algunos íntimos de Nicolás Maduro, como es el caso de Tareck El Aissami, sobre quien aún no hay noticias oficiales.

Las reacciones sobre el Primero de Mayo en redes resultaron en un testeo revelador: “¿Cómo piensa Maduro tocarle las puertas al pueblo en el 2024?”. “Todos los beneficios alcanzados durante el gobierno de Chávez se fueron al piso”. “El voto duro chavista está más blando que nunca”. “Para las élites, dólares; para los pobres, patria o muerte”. “Para sueldos y salarios no hay plata, para la corrupción sí hay”. Y dijo la profesora Elsa Castillo: “Maduro, si fuera por él, le aumentaría a sus diputados 5 mil dólares más de lo que ganan, daría a los generales el doble y el triple más, pero como él asume que en el caso de los docentes tiza no tumba gobierno, mientras que el plomo sí, entonces decide darle a los militares y a los docentes no”.

La frustración y la molestia son pertinentes. Un año atrás, el régimen generó expectativa favorable a un decreto de aumento salarial que pudiese ayudar a recuperar el poder adquisitivo. “La guerra económica impidió el aumento -dijo Maduro- pero les prometo que el próximo Primero de Mayo sí les voy a subir…”

Nuevamente han sido castigados los sectores más vulnerables que a pesar de la censura y de la asfixia del relato oficialista, logran constatar que su sufrimiento y carencias contrastan con la opulencia oficial.

Y es el mismo Maduro quien restriega sus privilegios al pueblo. Un buen ejemplo es la repetición de su video en Tik Tok. “Estoy haciendo 5 por 5 con Cilita. Es un régimen alimenticio donde con la ayuda de un extractor se extrae el jugo de la zanahoria. Hay que tomar un vaso de jugo 5 veces al día, por 5 días seguidos, sin comer carbohidratos, solo consumiendo proteínas y vegetales. Nada de harinas ni azúcar. Recomendada a todos los venezolanos”.

Sobra decir que la mayoría de la audiencia receptora de este teatro del cinismo no consume proteínas, ni vegetales y comprarse un extractor ni siquiera es un sueño.

Cinco millones de pensionados venezolanos, el sector más vulnerable, lo pasa muy mal. Según el Banco Mundial todo aquel que devengue por debajo de 64,5 dólares sufre de pobreza extrema. Los cálculos del Cendas es que una familia de cinco miembros necesita que por lo menos uno de ellos reciba una remuneración de 17 dólares diarios para alcanzar el mínimo de 510,88 dólares mensuales para cubrir sus necesidades básicas de alimentación. Son cifras inalcanzables para la mayoría de los venezolanos. Un simple ejemplo retrata la injusticia: el sueldo mínimo apenas alcanza para comprar un cartón de huevos.

“Están jugando con fuego”, alertó el Partido Comunista de Venezuela, ahora perseguido por el régimen. Algún economista se arriesgó a decir que es la mayor desmejora laboral en la historia venezolana. La proyección de los especialistas es que el salario mensual, que no se indexa, desaparecerá como polvo en el viento con la devaluación.

Y la desesperación no cesa. Otro migrante venezolano murió ahogado intentando cruzar el río Bravo en su angustia por llegar a Estados Unidos, con la esperanza de alcanzar una mejor vida.

Hoy más que nunca la oposición debería organizarse. Hoy, cuando Maduro aún no supera el golpe de Tareck El Aissami y cuando no puede pisar un barrio por miedo y por la certeza de ser expulsado.