30 Jun
El régimen saquea un nuevo tesoro
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El metal más caro del mundo se llama rodio y fue encontrado en Venezuela en cantidades importantes en octubre del 2018. Es un metal de alto consumo por el sector automotor, utilizado en catalizadores de gasolina para disminuir emisiones tóxicas. La industria farmacéutica también lo demanda. La obtención del rodio es difícil, y su aparición es esquiva y variable. Su valor actual está ocho veces por encima del precio del oro. El hallazgo lo ha mantenido oculto la dictadura para hacer lo de siempre: robar. El rodio ha sido extraído en cantidades importantes desde finales del 2020; se saca del país, se vende y no es declarado.

El asalto ha tenido pocos protagonistas. Lo dirigen quienes vienen saqueando las riquezas mineras de Venezuela, es decir, la familia presidencial junto a empresarios de distinto calibre, apoyados en el ELN y la élite militar, especialmente la DGCIM. Destaca en el elenco un personaje que no deben perder de vista llamado Eduardo Rivas.

Desde hace mucho tiempo se habla del rodio en nuestro territorio, aunque algunos investigadores comenzaron a referirse al tema como una leyenda. El importante hallazgo ocurrió en el sector Hoja de Lata, entre el Hato Casa Blanca y San Martín de Turumbán en el estado Bolívar. Para mayor precisión, estas son las coordenadas de la mina principal: 6.933772, -61.282068. Se trata de una zona bastante alejada y sin carretera, donde apenas se sostenía una planta semiabandonada que tenía acumulados más de cien años de minería ineficiente. El día del acontecimiento los mineros estaban pasando la roca por los molinos, sacando oro, como siempre. Este proceso deja una arena que es trasladada a las plantas de cianuración donde entra a unos molinos más avanzados que arrojan una arena muy fina que junto a cianuro y agua forma un lodo. Eso se llama lixiviación. Luego, unos carbones se introducen en los tanques de líquido y se cargan con oro. Después, ese lodo entra a unas lagunas donde por evaporación se seca un poco y queda una arena aún más fina. Y allí, en los análisis de esa arena, apareció rodio. Buscaron más arena para nuevos análisis y encontraron más rodio. Desde entonces los corruptos no paran de salivar.

El hallazgo impulsó acciones inmediatas. La primera decisión estaba cantada: mantener el secreto. Se volvió urgente conseguir inversores para construir una carretera. Para la operación se designó al hombre de confianza de Nicolás Maduro Guerra en la explotación de las minas: Eduardo Rivas, un contrabandista que venía haciendo amagos políticos en el Psuv y que destacó durante la Operación Manos de Metal al delatar a los empresarios que comercializaban con oro. Recordemos que ese operativo fue una reingeniería que inventó el madurismo para eliminar a competidores en el negocio. Rivas tenía información, vivía allí y fue haciendo llave con el conocido torturador Alexander Granko (alias Fidel), con el jefe de la DGCIM, Iván Hernández Dala y con el general Carlos Osorio (alias El Centauro), presidente de la Corporación Venezolana de Minería. En ese operativo ocuparon empresas, decomisaron maquinarias, helicópteros, aviones y hasta molinos.

Así, Rivas se convirtió por obra y gracia de la corrupción madurista en el “inversor” de dos complejos industriales: el Domingo Sifontes, en el Callao, Bolívar, para procesar oro con el aporte de 30 millones de euros, y el Complejo Industrial, Manuel Piar inaugurado en noviembre del 2019 ubicado en Ciudad Guayana. Además, Rivas ha ido aprovechando el espacio dejado por Alex Saab. La familia de Miraflores sentía que con Rivas los capitales en las minas de Yoswal y Yosser Gavidia Flores, hijos de Cilia, así como los de Nicolasito, estaban a buen resguardo.

Pero resulta que Eduardo Rivas quiso ganarse un dinerito de su cuenta así que a finales del año pasado despachó para Texas un cargamento de rodio -que ya había sido ofrecido a los rusos- valorado en 10 millones de dólares. Rivas cobró y ofreció más. Mucho más. Y envió rodio equivalente a 200 millones de dólares, solo que esta vez el FBI de Estados Unidos lo incautó.

Nadie sabía nada. Ni Cilia, ni Nicolás, ni los hijos de ellos, ni los rusos, ni sus socios empresarios, ni los mineros, ni los militares. Sin sorpresas, a Rivas lo montaron en un avión que lo llevó directo a la DGCIM. Después de días desaparecido ya está en Puerto Ordaz. Dicen las fuentes que lo dejan vivir porque tiene a mucha gente a quien le debe pagar.

Ahora que la información trascendió, dos bandas se disputan la operación del rodio. La primera con mayor control: Carlos Osorio, Hernández Dala, Granko, los de Camimpeg de turno (la compañía militar creada para amigos de Padrino López), los rusos y los empresarios enemigos de Eduardo Rivas. Y la segunda: Eduardo Rivas, sus empresarios amigos, Héctor Rodríguez, gobernador de Miranda, y los turcos.

Como Venezuela no cuenta con equipos para procesar las arenas con rodio están intentando concentrarlo a través de unos equipos canadienses. También ensayan con hornos para hacer piedras. Quieren abaratar fletes, ocultar mejor la carga y obtener mucho dinero rápidamente.

En este momento se están negociando 20 mil toneladas de arena para ser refinadas de las que se calcula saldrían 4 toneladas de rodio.

Y el país que se pudra.