25 Mar
No hay vacuna contra el despojo
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Un camión cava blanco cargado de cadáveres infectados de COVID-19 se mantuvo durante varias horas en la vía pública de los alrededores de la morgue de Colinas de Bello Monte en Caracas, según reportó el periodista Fernando Tineo. El contenido del camión se hizo ostensible a través de la difusión del olor cada vez que abrían las puertas del vehículo para lanzar dentro los cuerpos de nuevos fallecidos. Los transeúntes, a pesar de estar acostumbrados a ver las peores escenas en el centro de medicina forense, expresaron su alarma por el peligro que representaba.

 

Esto es parte de la cotidiana arbitrariedad de un país en el que se estacionó una crisis institucional, donde los ciudadanos han sido expulsados al abandono bajo la arbitrariedad de quienes detentan el poder ejerciendo su avaricia y vociferando su bienestar.

Recientemente arribaron a Venezuela 100 mil vacunas Sputnik V que forman parte de un total de diez millones adquiridas a Rusia. Podemos imaginar el criterio con el que serán aplicadas.

Cuando hace un mes voceros del régimen anunciaron el plan de vacunación, todos sabíamos el criterio con el que iba a ser manejado. Por eso no sorprendió que  Maduro y su familia estuvieran entre los primeros inmunizados. Él pretendió vender la coartada de que se había ofrecido para mostrar eficacia y transmitir fe. Su cínico sacrificio lo acompañó con el anuncio de un plan de primeros beneficiados encabezado por militares, alcaldes, gobernadores y diputados, filtrados bajo el criterio político de ser su personal de confianza en quienes se soporta internamente para los negocios sucios y para continuar en Miraflores. El argumento público utilizado fue que muchos funcionarios habían fallecido por el contagio. La verdad es que el resto de la población a Maduro nada le importa.

En efecto, los primeros vacunados se mostraron rozagantes. Parlamentarios jóvenes y muy robustos sonrieron ante las redes. Pero realmente, la imagen icónica para dejar claro quiénes son privilegiados, la protagonizó María Isabel Rodríguez exesposa de Hugo Chávez que se exhibió en un video mientras era vacunada, argumentando después ante un país enfurecido que ella era parte de una población de riesgo por un cáncer que había padecido unos cuantos años atrás. Con seguridad, miles de enfermos de cáncer en el país están muy lejos de ser vacunados y quien la vacunó también.

La catadura del chavismo se luce en algunos casos especiales como el no considerar entre las prioridades para ser vacunados a los adultos mayores de 65 años. El personal de salud como víctima de la discriminación tampoco se ha quedado atrás en el contexto de que Venezuela arroja la cifra más alta en cuanto a letalidad por Covid en la región, consecuencia de la precaria situación de los hospitales y la ausencia de equipos e insumos para batallar contra el virus. Por eso el registro de muerte de médicos y demás miembros del sector salud es desalentador. Hasta el 17 de marzo, 354 profesionales habían fallecido. La descripción de quienes batallan en los centros asistenciales es de una situación de desamparo. Los médicos casi desahuciados siguen cumpliendo su labor sin equipos de protección. Las ONG´s Médicos Unidos por Venezuela y Provea ratifican diariamente la dramática situación que se vive en los hospitales del país, donde el personal se ha venido reduciendo y ahora, muchos, muchísimos, no han sido incluidos en un plan de vacunación.

Ha sido evidente que el dictador de Venezuela exprime para su provecho político el Coronavirus. En este año transcurrido en pandemia, Maduro ha profundizado el control de una población que se venía expresando en las calles hace un año, que protestaba la crisis de abastecimiento, la inflación y fallas severas en los principales servicios públicos. Junto a la Covid19 la persecución selectiva se acentuó mientras Maduro jugaba con los días de control y los de esparcimiento bajo la censura de los medios y manipulando las cifras de los contagiados ufanándose en la presunta eficiencia en evitar la pandemia.

La verdadera situación del Coronavirus en Venezuela se sostiene sobre la opacidad de la información. Por eso los médicos que han denunciado lo que ocurre son perseguidos y hasta encarcelados. La versión suministrada por el régimen en todos los aspectos es incompleta. Esto, en momentos en que los efectos de la variante brasileña son manipulados para tratar de ocultar la enloquecida medida que relajó el país en los pasados carnavales. Porque obviamente la tiranía también se sostiene sobre el circo.

Para la dictadura, hasta este 17 de marzo estaban contabilizadas 1.437 muertes. Todos calculan bastante más, pero nadie puede probarlo.

¡Qué manera de convertir un país en despojo!