24 Jan
En Barinas murió Chávez otra vez
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Un error de cálculo activado por la soberbia se encargó de derrumbar la imagen triunfalista del oficialismo después de las elecciones regionales del pasado 21 de noviembre. La aplastante derrota propinada en Barinas por la unidad democrática al representante del régimen ha hecho desaparecer -al menos temporalmente- la resignación que se había apoderado del mundo opositor a la prolongada presencia de Maduro y sus aliados en el poder.

Repetir las elecciones en Barinas el pasado 9 de enero en las que Sergio Garrido ganó con casi 15 puntos de diferencia a Jorge Arreaza han resultado en una humillación pública en la tierra de Hugo Chávez, donde el régimen se creía invencible. La apabullante distribución de productos de línea blanca, la mágica aparición de la gasolina y el gas, el aparente mea culpa por la ineficiencia en la distribución de recursos patentada en el abandono a la población (con el piquete de culpar a los Chávez), la censura, las amenazas, la extorsión, la presencia de 25 mil efectivos militares, no arredraron a los barineses que ya habían sido retados el 21 de noviembre cuando con una vulgar e ilegal estratagema le fue arrebatado el triunfo al dirigente opositor Freddy Superlano.

 

El desprecio usual de la élite del régimen a los ciudadanos fue expresado nítidamente en este proceso y generó el efecto contrario a lo que el oficialismo deseaba. Cuando Diosdado Cabello fue nombrado jefe de esa campaña, se había cansado de comentar con sorna que de nada valía un viejito maltratado, o un trabajador molesto, ni un niño hambriento o una madre desesperada frente a la aplastante maquinaria del Psuv con su imposición del miedo y la compra de conciencias. Por eso la imagen grotesca de gandolas trasladando electrodomésticos que eran lanzados con desprecio a un pueblo necesitado. Igual efecto causó la decisión de colocar como candidato al exmarido de Rosa Virginia Chávez como si los barineses no estuviesen hartos de los más de 21 años gobernados por ese apellido. Además, el personaje impuesto fue trasladado desde la capital, ajeno a sus costumbres. Fue muy penoso ver a Arreaza intentando cantar un corrido llanero.

Pensaron que la gente atemorizada no votaría por Sergio Garrido, un desconocido para la élite del régimen. En su ego agigantado y la confianza de la censura dijeron: Si nosotros no sabemos quién es, mucho menos aquellos que hace años no escuchan un programa informativo de radio distinto al nuestro. Se equivocaron.

Bien lo analizó Sergio Garrido después de su triunfo: “Se ganó desde la unidad porque le llegamos al pueblo. Desde Miraflores venían subestimando a Superlano y les ganó. Después pensaron que a mí nadie me conocía, pero el pueblo sabe. Ya en 2015 nosotros habíamos sacado cinco diputados en las elecciones parlamentarias. Y la gente, lejos de desilusionarse porque nos habían arrebatado el resultado el 21 de noviembre contra Argenis Chávez, se activó con furia, se organizó y votó. Tanto, que muchos que se habían quedado antes en sus casas resignados al triunfo de Argenis Chávez, se sintió responsable de una eventual derrota y en esta oportunidad decidió votar”.

Desde la oposición se hicieron las cosas bien y los errores del oficialismo ayudaron. En la MUD se respetó el liderazgo local y se trabajó como en los mejores tiempos de la unidad. Se dejaron a un lado las diferencias con el proceso electoral entendiendo que ante la altura que había alcanzado la afrenta era imposible echarse para atrás.

El delito consumado contra Superlano había sido también el resultado del impulso de un hombre a quien la rabia lo suele cegar: Diosdado Cabello. Fue él quien bajo su soberbia, ordenó a los militares del Plan República que secuestraran las actas que probaban el triunfo de Superlano. Con el cuento de la defensa del legado, Diosdado lanzó por un barranco lo que quedaba del chavismo en Barinas. De nada le valió traicionar a Argenis Chávez para pasar a lisonjear a Arreaza, o llevarse a María Gabriela Chávez para obtener la foto levantando la mano al candidato. Repetir el proceso transformó lo que habría sido una derrota más para el oficialismo que había ganado la mayoría de los estados del país, en un disparo de muerte.

En contraste, la oposición pospuso las discusiones internas y entendió que era estratégico participar.

Por eso y otras razones Barinas reactivó la esperanza. Ojalá ese resultado se traduzca en un rumbo eficiente de lucha. Porque, aunque pretenda voltear la tortilla y culpar a Diosdado o a los Chávez, Maduro también ha sido derrotado. Porque ese desprecio del votante básicamente iba dirigido hacia él.