22 Apr
Milicianos contra el pueblo
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Es imposible equivocarse cuando se piensa lo peor de la dictadura de Maduro. Coherente con las premisas de maltratar a los ciudadanos, censurar la verdad y manipular la información, el régimen se sostiene sobre una oposición agobiada, debilitada, vilipendiada y perseguida.

No es un buen momento para quienes defendemos la democracia en Venezuela, lo que no significa resignación. La pandemia ha resultado en un escenario favorable para el control de la población en medio de la exhibición del cinismo y la impiedad por parte de los rostros más visibles de la tiranía. Prohibir el ingreso de vacunas, utilizarlas con privilegio y para lucrarse, anunciar una falsa vacuna cubana, la recomendación de menjurjes, en fin, todo sufrimiento, cualquier burla imaginable, son utilizados desde el ejercicio del poder de unos miserables.

El régimen nunca deja de entregar a los más indefensos al peligro y las penurias. Aplican el guion cubano. Utilizan el carnet de la Patria como un mecanismo de control y humillación. Garantizan el registro que deje constancia de que estás siendo doblegado. En realidad, son muchas las áreas en las que la dictadura utiliza al pueblo como carne de cañón.

Hace más de tres semanas estallaron las primeras acciones violentas entre un grupo disidente de las FARC y efectivos de la FANB en el estado Apure. Desde entonces la persecución contra los civiles no ha cesado. Las agresiones incluyen amenazas claramente anunciadas contra los reporteros que se atrevan a hacer su trabajo en la zona. La detención durante varias horas de los periodistas Luis Gonzalo Pérez y Rafael Hernández del canal colombiano NTN24 junto a los activistas de Fundaredes Juan Carlos Salazar y Diógenes Tirado fue un mensaje descarado sobre la intención de ocultar los hechos en los que obviamente la Fuerza Armada venezolana queda muy mal parada.

Los civiles están resultando un blanco en este conflicto. La situación podría complicarse aún más con el envío de mil milicianos para incorporarse a las acciones, según anuncio oficial. Se trata de mil civiles -uniformados y armados, según Maduro, pero con ningún entrenamiento para un conflicto de esta dimensión- que aterrizarán en un territorio tomado por enemigos apertrechados, acostumbrados a combatir contra ejércitos durante décadas. Pero el chavismo se entretiene tratando a los seres humanos como piezas de un juego de mesa. Mil almas que probablemente a cambio de comida caerán en una guerra. Según el general Manuel Bernal, jefe de la milicia nacional, será una fuerza humanitaria de protección a las comunidades. ¿Protección a las comunidades? ¡De ser eso cierto, entonces los milicianos tendrían que enfrentar a la FANB y a los efectivos de la FAES que no han dejado de perseguir a civiles, que han masacrado familias campesinas, han disfrazado a pobladores de guerrilleros, bombardeado sus escuelas, casas, veredas, saqueado propiedades y obligado al desplazamiento de casi 6 mil venezolanos que huyen despavoridos hacia Colombia!

Previamente, la noticia que había alarmado sobre las milicias bolivarianas implicaba una denuncia: la incorporación ilegal de niños y adolescentes en diversas actividades. En paralelo, Remigio Ceballos desde el Comando Estratégico Operacional lanzó un video en redes sociales en un evidente esfuerzo de alentar el espíritu combativo de sus subordinados que como mínimo deben estar confundidos. A final de cuentas, ellos mismos han sido partícipes de la convivencia con la narcoguerrilla, han facilitado el paso de la droga por territorio venezolano y han sido testigos de cómo el generalato olvidó lo que es la soberanía y traicionó nuestro país vendiendo su alma al demonio.

El anuncio del envío de los milicianos a Apure precisó que estarán bajo el mando de un general de división, dos generales de brigada y cuatro oficiales superiores. Debo recordar que la milicia pasó a ser considerada un componente especial, pero básicamente le han atribuido labores de contrainteligencia con la misión de registrar, organizar, equipar, adiestrar y adoctrinar al pueblo.

Así que en realidad esos milicianos van a espiar a los campesinos. El objetivo es vigilar y amedrentar a los pobladores de la zona que vienen haciendo inevitablemente vida con la guerrilla. El plan es activar a los delatores, seguir atemorizando a los campesinos y procurar el control de un territorio que el régimen mismo había entregado.

Pueblo contra pueblo, lo que le encanta al chavismo.