10 Jan
El 2020 y el cambio de estrategia
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La estadística es implacable. Cifras tomadas aleatoriamente sacuden con la verdad. El régimen de Maduro es el segundo de la región con más manifestantes asesinados en el 2019, según registra Provea. 388 presos políticos es la cantidad más alta que maneja en su historial el Foro Penal. Y así. Lo que antes era una rutina de fin de año, la selección de buenas y malas noticias, en Venezuela todas se han tornado en malas. Son titulares que nos ubican en el foso, imágenes que nos desgarran el alma, descripciones que jamás imaginamos resultasen en la fotografía de compatriotas desamparados en tierras ajenas.

¿Por qué nos está sucediendo esto? ¿Cómo es que aún no acaba la pesadilla? ¿Qué más castigo habremos de sufrir para pagar la penitencia de la irresponsabilidad de no haber cuidado la democracia?

Los últimos días de 2019 resultaron en la reiteración del desprecio con el que la dictadura doblega al pueblo. La oferta de canjes de Petro y la repartición de perniles significaron nuevos maltratos. Seres despersonalizados acudieron humillados en procura de cualquier cosa. Es la certeza de no tener.

Si en algún período el dominio de los cubanos sobre Venezuela se mostró eficiente, fue en el 2019. Un año en el que la cantidad de exiliados aún es difícil de precisar. El diagrama diseñado por la dictadura de Maduro, se ha ejecutado con el plan de garantizar el mayor padecimiento posible para la población, atribuyendo la responsabilidad de los pesares a las sanciones. Para eso tienen hegemonía comunicacional. Así, un pueblo desahuciado se arrastra para recibir y agradecer limosna. El ejercicio lo complementan acciones represivas y coercitivas que apelan a técnicas aplicadas por las mafias, secuestrando niños y ancianos, torturando a mujeres –y filmando las torturas para luego mostrarlas a presos a quienes tratan de aniquilarles su espíritu-.

Maduro y los cubanos han concluido en que el ejercicio de gobierno no se pone en peligro con la calificación de dictadura, en el caso de Venezuela. En momentos en que los organismos internacionales desfilan decadencia, cuando cumplir o no la ley no arroja grandes diferencias y un dictador puede ser recibido en la misma silla en la que minutos antes se sentó un demócrata, cuando violar los derechos humanos y asociarse con las peores mafias del planeta se ejecuta bajo la mirada condescendiente de muchos gobiernos y hasta del Papa, entonces, estamos en problemas.

Sobre esa realidad hay que actuar.

El régimen ha sostenido su poder con la apuesta de que todo el mundo tiene un precio. La riqueza objeto de la corrupción es desplegada sin pudor, difundida en las redes, expuesta en las calles, lucida por Maduro y su entorno, comenzando por las mujeres –solo basta en detenerse a mirar los miles de dólares que se lanzan encima Cilia Flores y Delcy Rodríguez-. Antes, los enchufados se escondían bajo cierto camuflaje. Pero ahora, retomaron el territorio venezolano. Islas, restaurantes, yates, aviones, carros lujosos, bodegones surtidos de extravagancias, van construyendo una especie de gheto de corruptos, con el detalle de que son ellos los que gozan de la protección de quien está en el poder.

En el proceso –y esperamos que temporal- de resignación colectiva, el 2020 continuó con sostenidos maltratos para la población. Largas colas para obtener combustible, ausencia de electricidad y de agua, limitado servicio de gas doméstico, fiesta de los especuladores y hechos violentos que en muchos casos responsabilizan a organismos del Estado con la FAES de protagonista como el nuevo ente del terror urbano.

Lógicamente todo se entiende como un escenario muy desalentador. Pero eso no tiene por qué mantenerse así. Al contrario, podemos transformarlo en una poderosa arma que convierta esa situación insoportable en activadora para desviar la mira del arma que nos apunta como objetivo hacia el trasero de nuestros atacantes.

Claro está, lo primero es lo primero. Eso significa que debemos mantener el control de la Asamblea Nacional, en un paso que con solidez debe retomar la unidad. Obligatorio es que los factores que han participado en el accidentado gobierno interino, asuman una estrategia y procuren en un sano ejercicio de política, restituirse como oposición y recobrar la fuerza necesaria para expulsar del poder a la dictadura. En estos 20 años hemos vivido otras crisis internas. Y siempre la llama del ansia de la libertad ha logrado resurgir con fuerza.