29 Mar
Maduro sentenció la muerte de pacientes
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Cinco mil pacientes que necesitaban recibir tratamiento de diálisis fueron sentenciados a muerte en un período de dos años por órdenes del dictador Nicolás Maduro, quien giró instrucciones para que fuese bloqueada la compra de los medicamentos en el IVSS. La denuncia viene de quien estaba a la cabeza del Instituto Venezolano del Seguro Social y que también se había desempeñado como ministro de Salud, el general activo del Ejército, Carlos Rotondaro, refugiado en Colombia hace pocas semanas.

Procesar el testimonio del militar exige ingerir un antiemético. El exfuncionario ratifica denuncias de organismos como la coalición de organizaciones por el derecho a la salud y la vida, Codevida, protestas de gremios, enfermos y familiares, e investigaciones de periodistas. La crisis asistencial y sanitaria en el país es dramática. Pero además, no es consecuencia de falta de divisas y es una falacia argumentar la guerra económica. El asunto es de indolencia, de maldad y de interés en aumentar el grosor de los bolsillos de la cleptocracia chavista.

Toda la tramoya que ha sembrado de sufrimiento a Venezuela procuró el beneficio inmediato para los corruptos Es así como las órdenes de compra eran retrasadas mientras favorecían a otros proveedores que eran ellos mismos. El negocio de estos hampones era expresado oficialmente como parte de su interés para preservar la revolución. Para ello, los medicamentos que podían salvar vidas eran guardados para momentos más convenientes como por ejemplo los electorales. Su entrega era parte de un chantaje. Y aún en estas circunstancias, para los necesitados había más filtros aún, como el criterio brutalmente deleznable que repetían los jefes de Rotondaro: es preferible que muera un paciente del interior del país, a que lo haga uno de Caracas. Miserables. El temor a las protestas en la capital ha privado de vidas a la gente de la provincia.

Hubo una interrogante en la entrevista que hizo la periodista venezolana del canal NTN24 Idania Chirinos al expresidente del IVSS. La respuesta es el titular de estos 20 años de tragedia. Idania le preguntó a Rotondaro si a alguien del régimen le importa que los venezolanos mueran por falta de medicamentos. La respuesta del militar fue: “no”.

La indignación suele conspirar contra la sensatez. Por eso habrá que insistir en prestar atención a lo que diga Rotondaro y sus datos, si son útiles, incorporarlos a la estrategia. Varios elementos convierten al general en un personaje de interés. Rotondaro ha sido del grupo de Diosdado Cabello, con acceso a información privilegiada. Tal vez por eso sus ataques suelen apuntar hacia Tareck El Aissami y Vladimir Padrino López.

La descripción que el militar refugiado en Colombia hace de la FANB, no es muy distinta a lo que conocemos, aunque siempre es importante su ratificación. La Fuerza Armada venezolana está deshilachada. Allí no hay liderazgo, la cadena de mando no existe, nadie tiene el control, de hecho es casi rutinario que los oficiales no se presenten en sus puestos. Y bueno, ni qué decirlo, a Maduro no lo respetan, no es el jefe, lo consideran un desastre. Por cierto, ahora Rotondaro quiere ir a la Corte Penal Internacional a denunciar al dictador.

Es insólito que cada vez que hurgamos respecto a las miserias íntimas del régimen, salta una estruendosa verdad. Ellos son pocos, están asustados, se sostienen sobre una ficción armada anárquica y despiadada construida sobre delitos. Y los jefes de la tiranía se sienten en peligro y se acurrucan a los pies de los cubanos.

Entonces ¿cómo es que siguen en el poder? ¿Quién puede explicar que un grupo de 50 facinerosos coloque sus botas sobre la cabeza de más de 30 millones de ciudadanos?

Pues porque tienen cómplices. Gobiernos cobardes e hipócritas, mafias poderosas que encontraron en Venezuela el paraíso de los inescrupulosos y cuyos tentáculos recalan en escenarios antes insospechados como el Vaticano o la Organización de Naciones Unidas. Aunque algo parece haber cambiado allí, luego de la visita a nuestro país de la comisión de la ONU. La alta comisionada Michelle Bachelet, ¡oh, sorpresa!, ha admitido violaciones a los derechos humanos, torturas, homicidios, detenciones arbitrarias, delitos cometidos por organismos de seguridad y grupos armados progubernamentales. En esa apreciación reciente, Bachelet informó alarmada que el sistema de salud continúa deteriorándose con un impacto muy significativo en la mortalidad y morbilidad materna y en la mortalidad infantil. Conclusión: no hay maquillaje ni censura que oculte una verdad que grita y apague a un pueblo que lucha.