19 Jun
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La indignación a través de las redes sociales -casi la única manera de conocer el feedback en Venezuela- se sintió de inmediato. La posición de la MUD a través de un comunicado (ni siquiera hubo rueda de prensa) al anunciar que no respaldaba la convocatoria de Leopoldo López y Daniel Ceballos de salir a protestar por haber sido tomada de manera "inconsulta", revivió viejas facturas de quejas contra el ente coordinador de la política venezolana.

 

Así lo sentí yo.

 

Hacía poco había observado el video de López realizando la convocatoria y había comentado la fuerza y el coraje de su imagen y palabras. La prisión lo ha elevado. Sin embargo, él y Ceballos así como tantos otros, continúan encarcelados bajo la más descarada violación a sus derechos fundamentales, mientras el país conoce de esa injusticia con la misma impotencia y eventual resignación con las que acepta que un gobierno lo humille y maltrate, al tiempo que sus jerarcas engrosan sus cuentas personales y convierten a Venezuela en un cementerio.

 

La MUD se equivocó. Y en lugar de admitirlo y rectificar, algunos de sus voceros guardaron estratégico silencio y otros trataron de recomponer una situación cuya lectura mostraba ausencia de solidaridad, de piedad y por contraste una alta dosis de miseria y cobardía. El coordinador de la MUD, Jesús (Chúo) Torrealba, intentó enderezar lo que ya a todas luces estaba torcido: trató de bajarle el volumen al históricamente torpe comunicado y anunció que incluso él asistiría si podía. Obviamente no fue. La pita habría opacado un acto que brilló. Henrique Capriles mostró más estrategia y se fue a Guárico e intentó visitar a Ceballos a conciencia de que se lo impedirían.

 

Ya conocemos que lo que ocurrió el 30 de Mayo generó el registro exitoso por parte de los medios de comunicación en el mundo, del regreso de la protesta venezolana a la calle.

 

Coincido con muchos: tratemos de pasar la página. Pero nadie puede avanzar si no revisa los malos pasos dados. Y a todas luces la MUD está en uno de sus peores momentos, situación que se agrava ante la probable cercanía de las elecciones y la recurrente aparición de los abstencionistas. El discurso de la "unidad" se traduce en todo lo contrario cuando a Leopoldo López se le trata más como un adversario que como un aliado político que además está preso.

 

Imagino que el sentido común ha de entrar en razón en los miembros de la MUD y que la petulancia y la torpeza se verán disminuidas. Sería imperdonable que en el peor momento del gobierno –y del país- impere el egoísmo que abriría la posibilidad de una derrota.


La rectificación debe ser eso sí, sincera. Al menos parecerlo.