08 Oct
Mil gritos por Ángelo de: Daniel Arzola
Escrito por Lizbeth Pacheco |
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No sé si alguien pueda entender sobre el abuso sin antes haber sido parte de el. Yo crecí entre ventanas rotas, entre piedras que entraban a mi casa, entre paredes rayadas con cosas sobre mí porque un grupo de personas se sintieron atacados por mis diferencias, y de ese modo se sintieron con derecho a atacar también. Pero la verdad es que yo no estaba atacando a nadie. Yo aprendí a correr mientras me perseguían. No sé si alguien pueda entender del abuso sin haber sido parte de el, ¿Alguna vez te amarraron a un poste y te prendieron fuegos artificiales en los pies? A mí sí. Años después ese mismo sujeto acabó dándole un disparo en la cabeza a otro, y claro que me he preguntado, si en caso de no irme de aquel lugar, si esa cabeza hubiera sido la mía.

 

¿Cuándo fue la última vez que te atacaron por el simple hecho de existir?

 

Yo pagué un precio por ser diferente y lo sigo pagando. Aunque la verdad es que yo no le deba nada a nadie. Hoy al leer las noticias me encontré con la historia de Ángelo Prado, un muchacho de 18 años que vive en mi misma ciudad, que podrías ser tú, o podría ser yo, pero fue él, fue él quien terminó con su cuerpo quemado, porque un grupo de personas se sintieron con derecho a echarle gasolina y lanzarle un fósforo, y otro grupo de personas vieron qué pasaba y no sintieron ganas de ayudar. Ángelo es alguien a quien nombrarán difícilmente en alguna noticia sin decir que lo que le hicieron tenía que ver con su condición sexual, porque en este país ningún medio se atreve a decir, claramente y de frente, que vivimos en una realidad donde te matan por ser homosexual o transgénero. La palabra "Homosexual" es un fantasma en la televisión nacional, no se menciona, no se habla del tema profundamente, no se toca. Acá es más fácil, hacer chistes, volverlo una ofensa o tener personajes bufonescos en la telenovela de turno o en el programa contaminante de comedia sexista, que envenenan a las personas con ganas de burlarse de los diferentes. Aquí es más fácil echarle la culpa a alguien más, porque es más fácil para el cristiano condenar a infiernos que desconocen que ayudar honestamente al prójimo, como lo es para el político decir que apoya a los abusados sin siquiera saber cuántos o quienes son realmente los abusados. Es más fácil también decir que el tiempo de dios es perfecto y que el tiempo lo cura todo, pero no entienden que en esta vida uno se queda esperando y hay cosas que no cura el tiempo.

 

¿Quién más debe morir para que el asunto sea serio?

 

¿Hará falta otra Juana de arco, otro Daniel Zamudio, otro Ángelo Prado? para que en este país de moral comprable se atreva a decir que somos culturalmente neandertales trogloditas fingiendo un civismo hipócrita y poco funcional al que se le terminan notando las costuras del salvajismo. No, quizás, el gobernador, el presidente, el sacerdote, o los maestros de escuelas y universidades no van a hablar de Ángelo Prado, ni van a decirles a sus alumnos que el infierno está donde haya personas que sientan que deben lastimar a alguien sólo porque es diferente a ti. No creo que los testigos de Jehová toquen este fin de semana, puertas pidiendo una oración por toda la gente que está siendo lastimada. Ni que ningún evangélico vaya a decir que se arrepiente de haber dicho que todos los transgéneros que asesinan mensualmente en Caracas, merezcan esa muerte por alejarse de Dios. No creo que una disculpa, o una condena van a devolverle la vida que Ángelo Prado tenía, porque a pesar de que siga con vida, su vida ya no será igual. No creo que una disculpa vaya quitarle el dolor a su familia. No creo que esto sea sólo el eco de un grupo de personas con tendencias psicópatas. Creo que este es el producto de todo un país que no se ha visto a sí mismo y lo que ha estado haciendo. Porque siempre habrá un tema más importante que este. Pero en realidad ningún tema es más importante que otro si hay vidas de por medio. Así que yo crecí, como muchos o como ninguno, siendo parte de una guerra donde yo era el enemigo, yo crecí igual que muchos o que ninguno, siendo parte de un abuso, aunque hasta el momento haya logrado escabullirme, hay personas que no han podido, son personas por las que grito. Porque allá afuera hay un grupo de personas importantes que están "demasiado ocupados", y no lo hacen. Y yo no me siento listo para hablar de otra cosa. Entonces Venezuela, me haces preguntarme ahora, si lo que quiero es que me respetes, o que simplemente no me mates.

 

 Daniel Arzola.