07 May
En positivo, mejor
Escrito por Nayibe Aguilera |
Visto 828 veces Publicado en Amigos
Valora este artículo
(0 votos)

 

Poner límites es una forma de ayudar al niño a controlar todo lo que no puede manejar por sí solo. Le muestra lo que puede hacer y lo que no, ayudando en la construcción de su personalidad. La falta de límites o ponerlos en forma inadecuada puede generar algunas consecuencias, como baja tolerancia a la frustración, agresividad, impulsividad, no aceptación de la autoridad y dificultad para reconocer al otro. Un niño es obediente y disciplinado cuando se siente bien consigo mismo, cuando se les respeta su forma de ser reconociéndole sus acciones adecuadas.

 

El niño acepta los límites si hay un buen vínculo con el adulto que los establece y es importante la comprensión del para qué y el valor que lo sustenta. Desde la afectividad y el cariño, los límites o normas deben ser explicados de manera clara y concisa, con actitud firme, sosteniéndolos en el tiempo. Se deben cumplir tres pasos: hablar, recordarles, y saber que si no se cumplen, vendrán consecuencias.

 

Para fijar límites comento algunos tips: es importante que la orden sea expresada en forma verbal remarcando lo positivo: “levanta los juguetes sino no, no vas al parque”; es mejor decir: “levanta los juguetes así podemos ir al parque”. Debe haber coherencia en todos los adultos que cuidan al niño para no confundir ni discriminar ante quien se comporta de determinada manera. Al momento de decir “no” es fundamental dar otra alternativa: en lugar de “con el celular no se juega!”, es mejor decir “con el celular no se juega, pero busquemos otra cosa con la que puedas jugar”. Es vital al desaprobar, enfocar en la conducta y no en el niño: frente a “eres un desordenado”, es mejor decir “tienes ropa por ordenar”. No generes culpa ya que atacas su autoestima, dale la posibilidad de reparar el daño o la falta.  

 

Es importante si queremos que repita sus buenas actitudes, reforzarlas, alentarlas reconociéndolas verbal y afectivamente. No podemos perder de vista que el adulto no enseña con lo que dice sino con lo que hace. Somos el modelo de quien se fijan comportamientos por lo que es necesario estar atentos de nuestro actuar como adulto. Finalmente, un trato amoroso basado en la confianza, el respeto y el diálogo, es el mejor camino para educar a los hijos.