24 Jan
Barriga llena, corazón hambriento
Escrito por Nayibe Aguilera |
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Comienza un nuevo año cargado de muchas intenciones. Perder los kilos ganados se convierte en uno de los primeros objetivos para este nuevo ciclo que recién estrenamos. Recurrimos a la dieta del momento, nos llenamos de entusiasmo para ante la menor dificultad, retornar a la acostumbrada forma de comer recuperando lo perdido y hasta unos gramos más. Los antojos por las galletas, los dulces, el chocolate, las tortas y los helados, es un síntoma donde el cuerpo nos está avisando que algo no está funcionando bien. Hay muchas causas por las que ansiamos ciertos alimentos y una de ellas es el hambre emocional.

 

Con el hambre emocional comemos para llenar ciertos vacíos: estar aburrida, me siento sola, tengo mucho estrés, mis relaciones son un desastre o simplemente necesito premiarme para festejar algo. Saboteo mi objetivo de alcanzar un peso saludable sin escuchar con detenimiento cuáles son las razones que me llevan a comer y la situación que las detona. Nunca serán suficientes todos los chocolates existentes para calmar el hambre interior.

 

Un buen comienzo es escuchar al cuerpo y un buen ejercicio es detenerse y preguntarse qué es lo que realmente está pasando ante un ataque de ansiedad por comer. Toma un respiro y busca qué es lo que te está haciendo falta, qué estás tratando de compensar comiendo ansiosamente. Es innegable la relación emocional que establecemos con la comida y si lo podemos determinar, podemos trabajarlo y pedir ayuda de ser necesario.

 

Otra técnica es llevar un registro de los antojos. Debemos preguntarnos qué sucedió antes de que se manifestara y en la escala del 1 al 10 en qué intensidad lo deseaste, cuál fue el momento del día en el que lo experimentaste y cuáles pensamientos cruzaron por tu mente en ese momento. De esta manera puedes tener algunas pistas que te permitirán descubrir cuáles son las posibles carencias emocionales en caso de aparecer y por dónde comenzar a trabajarlas.